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ADICTOS AL AMOR. DEPENDENCIA EMOCIONAL

La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones, sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque busca otra desesperadamente, ya que una de sus características es que no soportan la soledad.

En el contexto de una relación de pareja son sumisos; necesitan más que quieren a su compañero-a ; hacen cualquier cosa para evitar la ruptura, a la que temen como algo verdaderamente catastrófico; intentan estar el máximo tiempo posible con la otra persona aferrándose a ella de manera asfixiante, sea presencialmente o mediante los medios actuales de comunicación (llamadas constantes de teléfono, mensajes al móvil, etc.); se olvidan del resto de personas y amistades existiendo únicamente la pareja; aceptan cualquier condición del compañero o incluso malos tratos siempre y cuando no se rompa la relación; suelen encontrar “interesantes” a personas explotadoras y narcisistas; etc.

 

Características de los dependientes emocionales:

Las dividiremos en 3 áreas: relaciones interpersonales, autoestima y estado anímico.

1) Relaciones interpersonales:

Tendencia a la exclusividad en las relaciones. Esta exclusividad, dentro de las relaciones de pareja, da a entender que más que cariño hay necesidad hacia el otro, implica una cierta falta de construcción personal. Sintetizando esta característica, podemos afirmar que la relación ideal del dependiente con su pareja sería en forma de “burbuja”, que les aislara a ambos del entorno

Prioridad: Esta característica ilustra a la perfección la similitud con otras adicciones, ya que en ambos fenómenos es el objeto de la adicción lo que se convierte en el centro de la existencia del individuo, y todo lo demás queda al margen.La otra persona es siempre la máxima prioridad para el dependiente, haciendo éste cualquier cosa para mantener la relación.

Deseo de acceso constante hacia sus parejas: el dependiente quiere tener el mayor contacto posible con su pareja, con la correspondiente reacción de agobio por parte de los compañeros. También quieren saber continuamente dónde están, qué hacen, les llaman una y otra vez al trabajo, les mandan mensajes de texto al móvil, etc., siempre y cuando la pareja se lo permita. Este deseo de acceso constante es muy superior al normal en cualquier pareja, y es todavía más llamativo cuando ésta es un auténtico desastre y un tormento para el dependiente emocional.

Ilusión excesiva al principio de una relación o cuando conocen a una persona “interesante”: Esta ilusión tiene mucho de euforia y autoengaño, de la misma forma que cuando se da una ruptura pueden pensar que por ver de vez en cuando a su pareja no se van a volver a enganchar a ella. El autoengaño es también una constante en otras adicciones.

Idealización del compañero. Como contrapartida a la baja autoestima del dependiente emocional, éste basa sus sentimientos hacia la pareja en su sobrevaloración. El dependiente admira a su pareja y la considera como grandiosa y especial, siendo esta idealización el fundamento de su necesidad patológica del compañero. Es como si el dependiente se despreciara tanto que necesite a otra persona para compensar su supuesto déficit, persona a la que, por asumir este rol de “salvadora”, admirará e idealizará incondicionalmente.

Subordinación en las relaciones de pareja. Es un medio para preservar la relación a toda costa. Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso, el dependiente) sólo se preocupa del bienestar del compañero, de hacer lo que su pareja desee. Muchos casos de malos tratos, aunque no todos, tienen a la dependencia emocional como motivo del mantenimiento de esas parejas.

Las relaciones de pareja atenúan su necesidad, pero siguen sin ser felices. No tienen el componente esencial del bienestar: quererse a sí mismos. Este componente, por otra parte, es fundamental para poder llevar a cabo relaciones de pareja sanas, equilibradas y mutuamente gratificantes.

Pánico ante la ruptura. Son muy frecuentes la negación de dicha ruptura y los continuos intentos para reanudar la relación. Es necesario añadir que esta tormenta emocional amaina milagrosamente si aparece otra persona que cubra las necesidades afectivas del dependiente, y puede suceder que la ruptura se produzca cuando se tiene ya otra relación. La diferencia con personas “normales” es que éstas suelen guardar un periodo que podríamos calificar como de duelo tras una ruptura amorosa, período en el que no se tienen muchas ganas de tener a otra persona porque la anterior todavía ocupa un lugar privilegiado.

Sucesión ininterrumpida de parejas. Del rasgo anterior se desprende que en muchas ocasiones los dependientes encadenan una relación tras otra, aunque no todas se ajustan necesariamente al modelo desequilibrado de pareja que es el que ellos desean. De hecho, pueden tener “relaciones de transición” con personas hacia las que no tengan sentimientos fuertes, para así paliar su sufrimiento por la soledad y estar en mejor disposición de encontrar a otro individuo verdaderamente “interesante”.

Tienen un miedo terrible a la soledad.

Necesitan excesivamente la aprobación de los demás.

Presentan cierto déficit de habilidades sociales, como falta de asertividad. También destaca el egoísmo, fruto de la necesidad patológica que tienen hacia otras personas.

 

2) Autoestima:

Autoestima y autoconcepto bajos. No esperan ni echan faltar el cariño de sus parejas porque tampoco lo sienten hacia sí mismos, y generalmente tampoco lo han tenido de sus personas más significativas a lo largo de sus vidas. El autoconcepto es también nefasto por simple coherencia con la autoestima, aunque esto no ocurre siempre así pudiendo tener una idea de sí mismos más o menos ajustada a la realidad.

 

3) Estado de ánimo y comorbilidad:

Están tristes y preocupados. El estado de ánimo es disfórico y con tendencia a las rumiaciones sobre posibles abandonos, sobre el futuro de la relación, el miedo a la soledad y qué podrían hacer para mitigarlo, etc. Las comorbilidades más frecuentes son con trastornos depresivos e incluso con rasgos de otro trastorno como los de evitación o límite.

Pueden existir trastornos relacionados con sustancias.

 

Características de los objetos de los dependientes emocionales :

Son fácilmente idealizables. La tremenda falta de autoestima y la insatisfacción consigo mismo del dependiente emocional provoca que queden realmente fascinados ante personas con un ego muy sobrevalorado, fuertes, dominantes, soberbias, seguras de sí mismas. Consideran a estas personas como “interesantes”, cuando a otras podrían perfectamente resultarnos como antipáticas o presuntuosas.

Son narcisistas y explotadores. Esta característica viene especialmente motivada por su personalidad, pero convenientemente facilitada por el comportamiento sumiso de los dependientes emocionales, que perpetúa y consolida estos rasgos.

Finalmente, es preciso añadir que no todas las parejas que tenga un dependiente emocional se ajustarán a este perfil, porque éste también lleva a cabo “relaciones de transición” cuyo fin únicamente es mitigar el dolor de la soledad y la necesidad afectiva insatisfecha. En estas relaciones de transición casi cualquier perfil de persona es válido para formar parte de ellas

Marta Marín Martínez

Psicóloga y Criminóloga. Especialista en Psicología Jurídica y Clínica.

Psicóloga en “Mariva Psicólogos” (www.marivapsicologos.com) marivapsicologos@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

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