Home » Otros artículos » AFECTOS Y DESAFECTOS

AFECTOS Y DESAFECTOS

El afecto es la disposición anímica favorable que nos liga a algo o alguien que valoramos positivamente por sus cualidades. Se trata de una inclinación especialmente de amor, cariño, estima, aprecio, apego, interés, simpatía, amistad, ternura, pasión, y cualquiera de sus abundantes sinónimos. El afecto en psicología se define como un patrón de comportamiento observable, que es la expresión de los sentimientos subjetivamente percibidos. En los sentimientos interviene la inteligencia y la voluntad, y no suelen cambiar a lo largo de los años, a diferencia de lo que ocurre con las emociones y las pasiones que son más efímeras. Justo lo contrario de los afectos son los desafectos, la indiferencia, la antipatía, el odio, el rencor y cualquiera de sus sinónimos. He querido recurrir al diccionario para asegurarme de que empleo los términos correctos para lo que quiero expresar a continuación.

A través de los medios de comunicación durante las últimas semanas, por no decir años, hemos sido testigos voluntarios o involuntarios del desarrollo de procés, llegando últimamente al paroxismo, como si no hubiera otra cosa importante de la que hablar. Vaya por delante que siento un especial afecto por lo catalán, hablo esa lengua y tengo apellidos catalanes, que acepto y respeto cualquier aspiración humana, y que me parece lícito que intente llevarse a la práctica por medios razonables, siempre que dicha ambición no pretenda imponerse ni involucre a quienes no la comparten.

El Proceso soberanista de Cataluña tiene raíces muy remotas y profundas que, simplificando mucho, quizás podrían situarse en los tiempos de Carlomagno cuando su territorio, vinculado a los francos, formaba parte de la Marca Hispánica. Pasado el periodo carolingio, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), el desafecto que nos ocupa podría entenderse analizando la oposición del Principado de Cataluña a la Unión de Armas, una de las reformas propuestas por el conde-duque de Olivares para centralizar la economía, cuando el Imperio se descomponía y hacía falta recaudar más impuestos, que hasta entonces recaían en los castellanos. En ningún territorio, salvo en Castilla, gustó la propuesta del Conde-Duque pero en todos llegaron a acuerdos, salvo en Cataluña, donde la sublevación acabo siendo además una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y los adinerados de las ciudades, que también fueron atacados; de hecho el himno adoptado por los segregacionistas de hoy es el Himne dels Segadors, que fueron los sublevados de entonces, y la frase más repetida en ese himno: Bon cop de falç!

A mediados del siglo XVII, cuando ocurrió la mencionada insurrección para no someterse a la corona española, el Principado acabó pactando con los franceses lo que no había querido aceptar de los españoles, es decir: sufragar el pago de un ejército y ceder parcialmente su administración a un poder extranjero, en este caso el francés. Los catalanes no tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que su situación había empeorado con Luis XIII, respecto a la que soportaban con Felipe IV. Aprovechando el descontento de la población de Cataluña y que Francia tenía entonces otros frentes prioritarios, Felipe IV mandó sus tropas a Cataluña, y finalmente el ejército francocatalán de Barcelona se rindió en 1652, reconociendo a Felipe IV como soberano y a Juan José de Austria como virrey en Cataluña.

Desde entonces hasta hoy han ocurrido muchas cosas que han acrecentado en unos los desafectos y en otros los afectos. No obstante la vida ha cambiado mucho: Cataluña ya no está controlada por Francia, ni por Castilla, ni siquiera por el rey; el Gobierno de España, que gestiona también Cataluña, tiene o ha tenido entre sus miembros a gentes de todos los territorios, incluida Cataluña; la sangre de los descendientes dels segadors, incluso la de los nobles catalanes y la de todos los que habitan hoy España, se ha mezclado con otras sangres; precisamente Cataluña incrementó considerablemente su población y su riqueza gracias a los inmigrantes que desde todas las regiones de España llegaron hasta allí en diversas oleadas; en todos los territorios de este país se sufrió la misma guerra civil y después la misma dictadura; en algunos momentos y en algunos aspectos hemos sido beneficiados unos y perjudicados otros: todos hemos tenido momentos de gloria y de fracaso; desde 1977 hasta ahora, lo que no es mucho tiempo para la Historia, parecía que estábamos tratando de aprender a convivir en paz, con reglas pactadas y normas iguales para todos. ¿A quién le darían los catalanes segregacionistas un cop de falç? ¿Cómo separar con una hoz el trigo de la paja?

La hoz no soluciona nada pero, y aunque sea mejor solución, recurrir a la ley no significa necesariamente aplicarla con toda su gravedad ni provocar la humillación de nadie, y desde luego los decretos nunca resolverán por si solos lo que necesariamente ha de pasar por muchas conversaciones, si es que algún día se deciden por la palabra. En otro tiempo todo se hubieran solucionado casando a la niña de Rajoy con el niño de Puigdemont, pero hoy esa solución ya casi no se usa.

Volviendo al pasado, en octubre de 2012, durante la campaña electoral previa a las elecciones autonómicas, Artur Mas propuso que la pregunta del referéndum fuera: ¿Usted desea que Cataluña sea un nuevo Estado de la UE? Posteriormente la formulación de la consulta fue sufriendo variaciones y al final creo que el texto decía: Voleu que Catalunya sigui un estat independent en forma de república? Cuando Mas hizo el primer enunciado, quiero entender que aún creía que la Unión Europea estaría entusiasmada de acoger a un nuevo socio llamado Cataluña o Catalunya o Catalonia, si bien a mí me cuesta admitir que a la UE pudiera interesarle la atomización de sus estados miembros. Sea como fuere, lo cierto es que en los últimos meses hemos visto con claridad que la UE no está por la labor de admitir a Cataluña como nuevo socio, y en este hecho se basa la perplejidad que motiva mi enunciado. Si el gobierno de Cataluña rechaza la bandera de España, de la que no quiere formar parte, porqué se esfuerza tanto en hacer visible junto a su propia senyera la estelada de la UE, en cuyo seno ya sabe que no va a ser admitida como estado independiente.

En fin… No tengo otra respuesta a mis preguntas que la de los afectos y los desafectos, que son los responsables de que a veces amemos a quien no nos corresponde, incluso a quien nos rechaza, y desdeñemos a quien nos aprecia y admira, prolongando viejos rencores por los siglos de los siglos. Pero, si es verdad que en los sentimientos interviene la inteligencia y la voluntad, esas son cualidades que en Cataluña abundan, aunque ahora no hagan gala de ellas sus máximos representantes; por otra parte en Madrid, los afectos no se muestran hoy en la medida adecuada y sí los desafectos. La patria que nos acoge a todos no puede funcionar a base de imposiciones y escarmientos sino que debe tender al aprecio y a la conciliación. Si los políticos centrales y autonómicos abandonan su arrogancia y estrechez de miras y logran asumir el papel de servidores de todos, dedicándose a resolver problemas y no a crearlos, quizás en esas circunstancias funcionen los afectos en ambas direcciones y podamos tener todos motivos de esperanza.

María Valeska, noviembre 2017

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

*