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COLOQUIOS

Hola, bienvenidos de nuevo a este final de verano al que apenas le queda una semana. La temperatura deviene agradable y hace que las tardes se prolonguen con candelas en las terrazas de las tabernas, sobre el frescor nacido de las esquinas, tal vez entre el aroma inconfundible de la hierba cortada. Hablamos en ellas del pasado inmediato porque nos gusta rememorarlo y todavía conocemos bien sus pormenores. Quien salió de vacaciones ꟷquien se quedó, quien le hubiera gustado salir, quien hubiera preferido quedarseꟷ hablará hasta agotar mil y una anécdotas y sucedidos. Continuarán otros debates ꟷla noche sigue agradable y cuesta recogernosꟷ temas de enjundia, de actualidad, geopolíticos, teológicos, territoriales; temas apasionados en los que mostrar nuestro convencimiento con expresiones del tipo: «Lo que hay que hacer es…», «Esto lo arreglaba yo pronto…», «Si me dejaran a mí…». Por eso mismo me permito introducir unas variantes en las tertulias que pueden dar mucho de sí, dependiendo del momento. Leedlas si os parece.

Hace años, quizá dos décadas, escuché de Juan José Millás una licencia poética que me persigue, literalmente, pues la llevo a cuestas como el que lleva la chaqueta al brazo un día de calor, quien se siente vigilado por siluetas ensombrecidas que García-Calvo agradecía al Sol o al volver una y otra vez a las rupturas amorosas no resueltas (por uno mismo, claro). «Dios no inventó el mundo, creó la lógica». Hay días que me levanto y entiendo perfectamente esa frase, le pongo ejemplos, la corroboro; otras no, y me embadurno de pensamientos encadenados que me llevan a sitios muy lejanos. Demasiado alejados, diría yo. A lo mejor depende de mañanas en que me levanto más o menos lógico. Los días primeros, los más lógicos, pienso cosas de sembrar y recoger, proporciones, porqués, todo me cuadra, espanto el miedo, vivo seguro de llevar el camino correcto y pienso que las cosas me saldrán bien porque hice mis deberes. No me extraña que personas así admitan la existencia de un libro donde el destino esté escrito, no hacen (hago) si no jugar con reglas de tres simples y único resultado. Pero otros días me levanto más poético, más ilógico y me veo más enfrentado a los retos, afortunados o no, en los que no tengo ni idea de cómo solucionarlos. Me siento más animal, más de intuiciones, valoro el miedo como sistema de alarma y salgo del atolladero como puedo al utilizar mis recursos. Desconozco qué forma de levantarme lleva más razón, más cordura. Supongo que la primera, la lógica, pues es de la misma familia (razón, cordura, lógica, moral, sentido común). Pero la otra es igualmente real. No sé, lo mismo son problemas de digestión.

Para enredar la cosa todavía más, en la lectura estos días pasados de la última novela de David Trueba, «Tierra de Campos», una de sus páginas comenta (aproximadamente): «Aplicó la lógica a la realidad y por tanto se equivocó». Entiendo por realidad en ese caso a la naturaleza, sea humana (una pequeña porción) o no (todo el resto de naturaleza previa, incluso, a la aparición de los primates). En un escenario integrado tan grande, con una puesta en escena tan descomunal y un argumento tan espontáneo y libre como perpetuo, ꟷdonde incluso los dioses no se atrevieron a meter mano y prefirieron crear un método de lógica retroalimentariaꟷ, dudo del juicio altruista de los recién llegados sobre conductas de miles de millones de antigüedad, fundamentalmente por cuestiones empíricas. Algunos griegos clásicos mostraron vilezas de las que somos capaces, hechos que nos horrorizan pero que se han sucedido en diferentes épocas a lo ancho de la historia. No intentaron analizarlas, sólo las representaron. Eran muy cautos.

Cuesta entender la realidad, por eso se nos explica de manera conveniente y/o reconfortante. Cuesta menos convencer con argumentos tranquilizadores que determinadas actitudes no pasarían si se obrara, o se hubiera obrado, de otro modo. ¿De cuál? De este. Ah, bueno. (Pardiez, que buen invento el subjuntivo).

Eso sí, procurad no emprender según qué conversaciones presos de la euforia o del arrebato, mucho menos del alcohol, ni os arroguéis dotes justicieras en vuestros veredictos y proclamas. Probad, antes de salir de casa, a escuchar de Los Punsetes un tema a propósito de la opinión. De nada.

Ramón Díez

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