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Cuadernos charnegos: La fiesta del “volem acollir”

A decir verdad tienen virtudes que deben serles reconocidas. Los nacionalistas no tienen apoyo suficiente de los catalanes, ninguno en el plano internacional, no tienen la razón de su parte y van en contra de la historia, por lo menos de la historia del progreso, pero hay que quitarse el sombrero ante sus estrategias publicitarias, son buenos, realmente buenos. Su publicismo, no es causa suficiente  de su éxito, me refiero al de lograr conducir en dirección al abismo, cantando himnos y flameando banderas, a mucha, muchísima gente avanzada, normal e inteligente, pero sí que es causa necesaria, imprescindible, ya que es lo que inocula el relato, la poética, la emotividad necesaria al  “proces”  (con la mismo efecto mágico con el que el agua embotellada se transmuta en naturaleza virgen y salud, y hasta adelgaza).

En los tiempos gloriosos del Pujol triunfant, hicieron una extravagante  campaña publicitaria, sin ninguna otra medida complementaria, con el eslogan que diu “prou accidents”, logrando que multitud de coches llevaran una pegatina con esa rogativa,  supongo que dirigida a la Mare de Deu, quien por supuesto, que yo sepa, desoyó las suplicas, pero que sirvió para demostrar que había mucha gente presta a seguir las consignas del amo, por tontas que fueran, por lo menos si la causa era buena.

No es cosa nueva, la propaganda ha sido la nervadura de todos los nacionalismos, como de otros muchos movimientos de masas, es un clásico citar a Goebbels como un maestro de la propaganda (los judíos conspiran para dominar el mundo). El nacionalismo no solo pretende representar totalmente al pueblo sino que a poco que pueda  engulle toda reivindicación y toda causa popular, sea la crisis, el paro, el déficit de infraestructuras, el peaje de las autostopistas, las listas de espera en sanidad, el bajo rendimiento de la enseñanza, etc, es muy fácil, no hay masque echar la culpa al otro. Son omnívoros, todo es alimento para ellos. Tampoco hacen asco de las mentiras, todo lo contrario, las proclaman y publicitan, engordan con ellas, logrando así convencer a mucha gente de que  OMO LAVA MÁS BLANCO (de que somos el pueblo más democrático, emprendedor y pacífico de Europa,  o de que Franco no ha muerto, la guerra de sucesión fue una guerra entre España y Cataluña, España nos roba, etc.). Total, acurre que también se han apropiado, como no, de la causa de los refugiados, sin rubor alguno.

El sábado 18 de febrero hubo una manifestación multitudinaria en Barcelona, aquí y en ningún otro lugar, 160.000 según la Guardia Urbana. El tema era los refugiados. ¡Quién es el canalla que no está por causa tan justa y solidaria !, yo no, por supuesto, ni tú probablemente. ¡A la calle que ya es hora…!, pues. Tremenda manifestación, no tan numerosa como las del 11 de septiembre, pero sí una de las gordas.

 Hete aquí que la causa y la manifestación fueron limpiamente devoradas por el independentismo, por la jeta, supongo con la complicidad de un comité organizador que no se ha quejado. La maquinaria la tiene bien engrasada: TV3 a tope, la Asamblea Nacional Catalana y su tremenda capacidad organizativa (ya sabéis, el partido único, el órgano de masas subvencionado del régimen, una especie de Secretaría General del Movimiento; lo viejos ya me entendéis), y sus centenares de voluntarios. Acudió el Govern casi al pleno, y los organizadores fueron recibidos en su palacio por nuestro amado líder el gran Cocomocho. La consigna más proclamada fue “volem acollir”. Quedaba implícito que quien impide el “volem” es Madrit, de hecho casi linchan moralmente a Jordi Évole por insinuar que también había culpas locales (la verdad es que no se bien qué pasa para  que no lleguen los refugiados, ni aquí ni a otros muchos sitios, pero me huelo que culpa hay para todos, y para la UE para la que más).

A nadie se le escapa que en la situación de Cataluña aquí nada es casual ni inocente, a pocos meses de las fecha del prometido choque de trenes (también llamada revolución de las sonrisas, ¡habrase visto tamaño fraude y  cursilería!). Querido lector, repite conmigo: volem acollir, volen acollir… ¿a qué te suena?: quizás uno sea un paranoico pero a mí me suena mucho a “volem votar”, la consigna del referéndum pasado y  futuro. No me extenderé en lo impropio del término “volem”, expresión de voluntad, de subjetividad, de emotividad (no es que los refugiados tengan derecho a ser acogidos, sino que yo tengo la necesidad de acogerlos), del mismo modo que se argumenta como prueba de que somos una nación, que “nos sentimos una nación”, o que es “la voluntat d’un poble”.

Fue una mani sabatina de ambiente festivo, a la que una vez más bajaron de los pueblos, se veían bastantes esteladas y todo tipo de consignas. Pero la consigna más flipante, y bastante abundante, venía en unos carteles rojos en los que se leía “contra las fronteras…. desobediencia”, que a mi parecer estaban fuera de lugar y es tremenda tontería. ¿Qué habría que desobedecer para poder acoger a los refugiados?. No hace falta ser muy paranoico para relacionar esto con las consignas insurreccionales independentistas  (desobedecer las leyes, a los tribunales, y  a Madrit: independencia pues).

En resumidas cuentas se han marcado un tanto, una nueva performance publicitaria, un acto gubernamental en virtud del cual al parecer queda demostrado que somos un “sol poble”, una nación unida con gran capacidad de movilización, que a diferencia de la “resta” del estado somos tierra de acogida (siempre que adoptes la lengua y la identidad que impone el régimen), y que estamos listos para el “volem desobeir”.

Fue la más grande manifestación europea sobre la causa de los refugiados ( otro Guinness), con lo que queda proclamado, urbi et orbe, lo que se quería anunciar:

                                               Volem acollir, ergo som collonuts

Valero de Luna (Barcelona)

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