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DE FACEBOOK A LA ETERNIDAD : Querido Stalin

Querido Stalin, no voy a negar que me ha producido cierta sorpresa tu solicitud de amistad en el Face, aunque no tanta. No tanta. El tiempo le otorga un extraño color a las cosas, las pequeñas rencillas, las discrepancias ideológicas, los intentos de asesinato acaban diluyéndose en los litros y litros de años transcurridos, y se hace más denso ese poso de contemporaneidad que compartimos, esa coincidencia con peso específico en el espacio y el tiempo.

En fin, que tampoco quiero caer en la nostalgia, a mi edad.

Sí te diré que, puestos a morir, creo que es infinitamente más glamouroso morir asesinado, y a manos de un hombre guapo- Ramón lo era, español y guapo- , que en la cama, de algo tan vulgar como la hipertensión.

Ya vi que la posteridad, esa máquina etiquetadota, te ha colocado entre los más crueles dictadores de la historia, no sé qué opinas al respecto. La Wiki dice que en occidente eres visto como un tirano brutal pero en Rusia sigues teniendo cierto tirón. En un estudio realizado por la televisión estatal para determinar cuál era el personaje ruso más popular, salías en el puesto número tres. A tu edad y encabezando la lista de los 40 principales, no te quejarás.

Justamente hoy pensaba que el mundo no ha cambiado casi nada en este último medio siglo. Casi nada. Por fuera sí, los hombres ahora se depilan, las mujeres engendran hijos a distancia, sin necesidad de ser penetradas, la vida se ha convertido en una partida a tres bandas, en la que la bola roja es el Facebook, el twiter, el youtube o los blogs. Sin embargo, por dentro, la estructura del mundo apenas ha variado en todos estos años, quién nos lo iba a decir a nosotros, que vivimos todos los cambios posibles, que imaginamos todos los cambios posibles menos este, el no cambio.

No pienses que no he llegado a comprenderte. Tanto tiempo tumbado, dedicado a la pura contemplación, hace que uno comprenda hasta al carnicero de Rostov. Sé que ya no podías parar, que una vez empezaste con la poda, te quemaba en las manos la cizalla de la desconfianza, zas, zas, era ya una adicción, el enemigo te acechaba, zas, la iglesia, la burguesía, los diversionistas, zas, los ucranianos, tus propios compañeros de partido, zas, hasta dónde, zas. No me hubiera sorprendido que un día te cortaras una mano, por sospechar que firmaba acuerdos secretos a tus espaldas. Tantas sombras amenazándote- la barba de Lenin se dibujaba claramente en una de ellas- y ninguna tan grande como tu propia inseguridad.

Hace tiempo que he dejado de preguntarme qué hubiera sido de la historia si… hace tiempo que sé que tres puntos sólo significan tres finales seguidos, y que todo final es una ficción. Que la historia es lo suficientemente autónoma como para encontrar su propio camino, más allá de lo que le marquen los individualismos, por notables que sean. La historia es ese rodillo gigantesco que nos ablanda. Nos ablanda.

En fin, que por mí, el piolet de guerra está enterrado, sin rencores.

¿Siguen gustándote los retratos de hombres desnudos de aquellos artistas rusos de principios del XX? ¿Y la mermelada de pétalos de rosa? ¿Aún te subyugan las interpretaciones de Mariya Yúdina?

Si tienes página de fans, házmelo saber para que le dé al Me gusta.

Estamos en contacto,

Trotsky.

 

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