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DESPEDIDA.

Por tu mala paciencia y despotismo extremista, pierdo mis medallas de mujer fuerte y decidida. He pasado años tras las rejas que tú me construiste con malos tratos. No ha pasado un solo día sin arrepentirme de haberte conocido y sin embargo, y pese a todo déjame decirte algo: te perdono. No hay rencor ni rabia en mí, porque el peor de los golpes es el de tu conciencia. Tú, hombre pecador que te crees libre siendo esclavo de tu dolor, eres débil pero lo niegas. Tu alma está envenenada como la manzana de Blancanieves y lo único que puedo sentir es lástima. Buscaste de tu ira la cura en mi amargura, pero no pienso darte esa satisfacción una segunda vez. Los golpes ya no duelen más que el moratón que deja mella en mis palabras. Los insultos ya no pesan más que los años de plomo a tu lado, que caen a peso de pluma. Suerte que vi entre mi propia ceguera y aún me pude salvar. Puede que te parezca la huida más deshonesta y a mí también, pero esta vez no me salvo solo a mí. Pienso llevarme por delante todos los recuerdos pasados y futuros que guardo y pude guardar. Voy a borrar de mis entrañas esas mariposas que un día sentí. Grita cuanto quieras maldita bestia que tus dientes solo ladran, pero mis actos dan forma a tu cobardía. Tienes miedo, estás solo y nadie te quiere ni te querrá lo suficiente, no más de lo que yo lo hice. Y no lo niego cuando digo que te quiero porque en el fondo así es. Y lo que hago es quererte más cuando te digo que me voy, porque soy a ti lo que una copa a un borracho, una adicción de la que crees tener poder y ninguna restricción.

Creí haber sido tuya por un momento pero dejé que el pánico me invadiese cinco, y solo cinco segundos. Segundos, minutos, horas, días, meses, años, pero no más. Pongo fin a esta no declaración de intenciones con una afirmación tan cierta como nuestra historia: aún no te odio. Aún te quiero, te perdono, no vengo ni reculo hacia el pasado. Ahora te quedas solo, pero esta vez no tendrás esa falsa sensación de respeto. Esto es un adiós definitivo al maltratador.

 

A aquellas mujeres que no lo pueden ver, ya es hora de dejarle atrás, porque él vivirá sin vosotras; pero al final vosotras no viviréis por él.

Minerva

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