DUELO

A esos dos hombres les separaban unos cuantos metros. Sus miradas se cruzaron un instante y acto seguido el más alto extendió las manos al tiempo que su cuerpo se agitaba nervioso de lado a lado sin apenas desplazarse. El otro se dispuso a fusilar, con frialdad extrema, al enemigo de aquel día. Sin más dilación disparó. Vio cómo su rival alzaba sus manos abiertas y caía hasta el suelo. El certero disparo le había entrado por la parte izquierda. Extendido en el suelo quedó quieto, parecía muerto. Entre leves lamentaciones, la multitud, enloquecida, gritaba ¡gol, gol, gol!…

Ángel Gálvez 

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