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EL MALIGNO

 

   El primer sentimiento que cae sobre mí como una losa después de conocer el resultado de las elecciones en E.E.U.U. sólo puede ser la desazón. Un estado de ánimo que va de la incertidumbre al nerviosismo porque desconozco, como la mayoría de los ciudadanos, qué puede hacer Donald Trump. Un empresario que en los últimos treinta años ha llevado a la quiebra sus empresas en cuatro ocasiones y se ufana de no pagar impuestos. Parece que, como gestor de negocios, su trabajo es manifiestamente mejorable; entonces ¿cómo va a gestionar el país más poderoso del mundo? 

   Un personaje al que desgraciadamente hay que reconocerle que no se anda con tapujos. Con un lenguaje sencillo, rústico, dice las cosas muy claras, no esconde sus preferencias, las que sean, ni tampoco sus fobias; y desde luego tiene unas cuantas… Por esto albergo todas las dudas sobre un tipo abiertamente homófobo, racista, xenófobo, machista, insultante en sus formas y en su discurso. Aquí sí; ahora podemos ver el populismo personificado en este hombre que debería hacernos reflexionar sobre todo aquello que diga si cada vez que sale en público, comienza sus alocuciones con un ‘Créanme’; un recurso de los que creen tener la verdad absoluta y ya hemos visto casos parecidos: “Créanme si les digo que en Irak hay armas de destrucción masiva…” -Aznar dixit-. 

   Pero estas elecciones también me provocan otros sentimientos, como el de tristeza. Estoy triste viendo que los estadounidenses han escogido entre lo malo y lo peor y se han quedado con esta última opción; y, aunque no me gustan los profetas y visionarios -yo no pretendo serlo- es verdad que estoy aventurando una labor de gobierno del presidente electo que ni siquiera ha comenzado. Acción de gobierno que comenzaría con una de sus más aclamadas propuestas: la supresión de la Seguridad Social; una sanidad universal que en sus ocho años de gobierno Obama trató de instaurar. Ocurre que estamos hablando de una sociedad extremadamente competitiva en todos los aspectos de la vida y que se rige por la meritocracia, esto es: el que quiera un trabajo debe luchar por él y, si además quiere estar asegurado, que ese trabajo esté bien remunerado para poder pagarse un seguro privado. Es decir, una lucha sin cuartel por superarse a sí mismo y al resto del mundo. Aunque con los antecedentes de este señor… 

   Una pesadumbre que crece cuando veo que aquellas personas a las que ha insultado y menospreciado durante la campaña electoral (latinos, inmigrantes, mujeres…) y a pesar de esto, le han votado con el único argumento, al menos que yo haya oído, de que Clinton es corrupta; ¿y Trump no lo es? Todo esto me lleva a otro estado de ánimo más grave; la ira, o la rabia, como Uds. prefieran, viendo que además la mayoría de los votantes de Trump son blancos y de la América profunda; lo que me induce a pensar que este país lo habitan muchos ignorantes, pero por falta de cultura. Circunstancia esta que motiva que USA siga siendo uno de los países más racista del mundo a pesar de haber tenido el primer presidente negro de su historia; que siga pensando que es una verdadera democracia mientras conculcan derechos y libertades y hacen caso omiso de las normas internacionales (Guantánamo, Abu Ghraib, inmigración, Cuba…); que, además y en según qué momento de la historia, apoya, cuando no financia, golpes de Estado en aquellos países que considera que tienen cierto tufillo a izquierdas. 

   Consecuentemente esta actitud de los americanos me lleva de forma inevitable a otro desagradable sentimiento: el desengaño. Cuando veo que esta sociedad es tan conservadora pienso que no tiene solución. En este sentido, hablar de los demócratas como la izquierda del país y de los republicanos como la derecha es un error. En mi humilde opinión -subjetiva, por su puesto- los demócratas vendrían a ser lo que en Europa conocemos como liberalismo o centro-derecha y los republicanos son lo que, por estos lares, llamaríamos la ultraderecha. ¿Y Trump? Está más allá de esta última. 

   Aunque creo que ya es tarde, en mi ingenuidad quisiera pensar que en este país pasará algo parecido a lo que pasó con el Brexit, que sus ciudadanos se arrepentirán, a no mucho tardar, de haber votado a este empresario sin ninguna experiencia política. Pero creo que ya “está todo el pescado vendido”; salvo que cometa una grave irregularidad o sus errores sean descomunales y puedan provocar un ‘impeachment’ muy poco probable. 

   Por lo tanto sólo nos cabe esperar para ver su acción de gobierno y en función de qué ocurrencias trabajará, supuestamente, para todos los americanos y para el resto del mundo. No olvidemos que cuando E.E.U.U. estornuda el planeta se constipa; y tenemos un caso muy reciente que todavía nos está afectando: Lehman Brothers. De momento sólo puedo volver a mi primer sentimiento: incertidumbre.

Moska

One thought on “EL MALIGNO

  1. A. de Toro dice:

    Me encantan los artículos de Moska y las ilustraciones de G. Alonso

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