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EL NORTE NO DUELE

Hace 28 años mi hermana Maite no podía andar. Un fuerte y doloroso ataque de ciática la tenía en la cama más de una semana, en su habitación, en el tercer piso de la masía. Recuerdo que íbamos a visitarla de vez en cuando para ver cómo “andaba”, y ella siempre intentaba una sonrisa, mezclada con una imagen de resignación al dolor, acostada…

Un día, mi padre, hablando con Juan Carlos, su socio vasco de Bergara, sacó el tema de Maite y aquél le sugirió una solución alternativa, por experiencia propia… Resulta que hacía varios años que una señora de Arrasate le había curado un dolor terrible de ciática, con un método “no científico”, al margen de nuestra Seguridad Social…

Y le funcionó.

Le dijo a mi padre: “Esto solo te lo crees si te ha sucedido”

Juan Carlos es un gran amigo de mi padre, quien no dudó, y al día siguiente emprendió el viaje con Maite hacia el norte.

Cuando llegaron allí, mi padre tuvo que subir en sus lomos a mi hermana varios pisos, porque ella no podía andar… Después de una sesión de “no sé qué” de esta señora, mi hermana bajó andando… y nunca más tuvo dolor de ciática hasta hoy.

Es por eso que 28 años después de este suceso, yo mismo decidí emprender la aventura de comprobar si esta señora aún vivía, porque “ya era mayor entonces”, me había dicho Maite.

También porque llevo 5 meses de médicos, resonancias, electromiografías, y un largo etc., por un dolor lumbar que me afecta al nervio ciático. De baja laboral y fastidiado.

La solución entre 5 o 6 médicos de Mutuas y Seguridad Social es, por resumir, 6 ó 7 medicamentos entre los cuales antidepresivos y protectores de estómago (supongo por tanta medicación). Por supuesto que no he probado ninguno.

Total que ayer decidí aceptar la invitación de mi padre para ir al norte, a ver a esta señora, y allí que nos fuimos…  a luchar contra el dolor.

La señora de 81 años que nos recibió en un cuarto sin ascensor estaba más ágil que mi padre y yo juntos. Muy amable nos atendió en un recibidor y nos explicó a lo que íbamos.  Lo sabía.

Por no desvelar sus técnicas, que tampoco comprendí, solo sé que me hizo una herida en un cartílago en  la oreja, y después del dolor y el olor a carne quemada, enseguida me sentí mejor…  Al despedirnos y bajar por la escalera le dije a mi padre: “me siento más ligero”.

Hoy, solo al día siguiente, no me duele la zona lumbar y la ciática parece entrar en un recuerdo. He cogido la bicicleta después de 5 meses, y solo siento algún dolor muscular, de andar y hacer movimientos que hacía meses que no conseguía, sin dolor.

No sé qué ha pasado…  pero gracias al norte ya no me duele.

Julio Delbou

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