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ESPEJISMOS

Hace unos días recibimos en casa la visita de unos familiares procedentes del pueblo. Charlamos, reímos y merendamos hasta que llegó la hora de la despedida.

Nos dijimos adiós e instantes después sonó el timbre. El coche (un citroën) de nuestros familiares no se encontraba en la calle y estos pensaron que se lo habían sustraído. Bajé a la calle buscando a los míos cuando vi que unos jóvenes se acercaban y relataban lo siguiente: un individuo al volante de una furgoneta había empujado unos metros el citroën que se encontraba bien estacionado hasta ese momento. Con esta maniobra consiguió lo que quería (efectuar tareas de carga y descarga), a la vez que situaba parte del citroën delante de un vado perfectamente visible. Terminada su “obra”, ni siquiera dejó en el lugar original al vehículo que había desplazado, marchándose junto a su peculiar proceder. Después, el propietario del vado, no pudiendo acceder a su bajo, avisó a la Policía Local y la grúa municipal terminó la tarea.

Al menos no les habían robado el coche… Excepto el mentado individuo, todos actuaron como debían, cada uno hizo lo suyo, un coche bien estacionado, el titular de un vado que exige lo que es su derecho, la Policía que interviene y una grúa que arrastra. Con el pago del servicio de grúa y un boletín de denuncia en la cartera: ¡todo arreglado! Una pequeña anécdota con leves molestias pEspejismosero con grandes dosis de indignación e impotencia.

Se marcharon con su coche liberado de un “secuestro” legal. Yo me quedé pensando en lo acontecido. Si las cosas no son siempre lo que parecen, ¿cómo creer todo lo que se nos muestra como verdad absoluta? Empujan el vehículo de nuestro raciocinio y lo dejan frente al vado de un “enemigo” no siempre real pero aparente. Nos colocan donde no queremos y luego nos arrastran a un lugar del cual solo se sale pagando, pero la deuda se salda en muchas ocasiones con sufrimiento y, peor aún, con vidas. Recordemos que hace poco más de trece años, Aznar nos dejó “azorados” con sus espejismos de destrucción masiva apoyando la guerra de Irak.

Debemos por lo tanto lavarnos la cara cada mañana y si es necesario a lo largo del día. Intentemos distinguir los espejismos que refleja nuestra retina, esos falsos beneficios comunes con los que nos engañan. Busquemos esa voluntad a veces raptada o habitaremos en el vacío en el cual nos dejan las decisiones que toman en nuestro nombre. Somos clientes de un mercado que lo vende todo para recaudar hoy sin pensar en mañana. Y nos vende ideas, amigos y enemigos. Sus armas son tan rápidas que nos hieren, a veces de muerte, sin darnos tiempo para que nos cuestionemos nada.

Disparemos nuestra inteligencia llenando su recámara de información, cuanta más mejor. Juntemos las piezas del rompecabezas y descubramos lo que representa. No dejemos que nadie gobierne nuestra razón y distribuya a su antojo las piezas de nuestro puzzle. No compremos productos sin mirar su composición y comprobar la fecha de caducidad. No ingiramos sin más todo aquello que nos quieren vender, es fácil confundir el alimento con el veneno.

El resultado de las últimas elecciones creo que avala mi teoría de los espejismos. ¿Cómo tanta gente ha percibido que vivimos en un oasis cuando, a diario, nuestros pulmones se ahogan con la arena más seca y sólida del desierto?

Este es un punto de vista más, solo eso. No nos quedemos nunca con lo primero que nos quieran vender, leamos la etiqueta, comprobemos el precio y, entonces, decidamos.

Manuel Romeu

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