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ESTULTICIAS

Corría 1970 o así, cuando unas mujeres en Zaragoza, se manifestaron en una piscina de la localidad, por supuesto en la parte femenina, ya que había segregación por aquello de la moral, contra la prohibición de llevar bikinis, la prensa local les llamaba biquinis que la K era como corrupción extranjeruza.

Casi 50 años después, Francia, la de prohibido prohibir, se enzarza en una guerra particular, contra el uso de una prenda también con k, el burkini. Semejante sandez, sería solo eso, si no fuera acompañado por un regusto raro, como acre, algo así como que no son de aquí. Todo ello en un país donde van por más de  tres generaciones de árabes consolidadas y donde los modernos cuando visitábamos París acudíamos a la tetería de la Gran Mezquita de París, donde disfrutábamos de un té exótico en un establecimiento que soñábamos tuviera algún día España, país de monocultivo nacionalcatólico. Por cierto, la mezquita de París, fue construida en homenaje a los árabes que cayeron en la primera guerra mundial defendiendo Francia. De largo le viene al galgo.

Ahora el tema se instala en nuestro país, que parece que les molesta a algunos y que sirve de bálsamo para el tedio informativo del verano. Bueno, como dice un amigo al que le aburren las conversaciones circulares, el tema no da para más.

Pues sí da para más, gracias a Podemos, ese partido moralista y prohibicionista de izquierdas, como si estos dos conceptos fueran compatibles. Decide acercarse a comunidad musulmana, con dos medidas harto curiosas, la primera, crear playas solo para mujeres musulmanas para que puedan bañarse sin ser vistas por hombres, lo cual prohíbe su religión, esto es, volver a la piscina segregada de la España de los 70. Es una medida reivindicada en Marruecos, donde una mujer que lleve una prenda de baño convencional es acosada por el personal  masculino. La solución es segregarla, no garantizar su derecho a utilizar un espacio público.

He leído algunas declaraciones de personas que acuden con burkinis, a las playas y se sienten observadas y por tanto intimidadas. Es posible, pero también lógico en una sociedad que no está acostumbrada a esa prenda. Las costumbres de unos europeos que visten diferente, se tiene que hacer hueco en una sociedad que por lógica devendrá y ya lo es multicultural. El Estado debe garantizar lo contrario que en Francia, que no se les moleste y que puedan ejercer su libertad.

Y como el estado y la sociedad no es lo mismo, a veces afortunadamente y otras veces no, se debería crear una cultura de la permisividad.

La otra medida que proponen los chicos de Podemos, es prohibir, siempre ese maldito verbo de los incapaces, las fiestas de Moros y Cristianos, el argumento es “de peso”, “en una España democrática no deberían existir una fiestas de ese tipo”. Bueno, ya están los que nos administran lo que es y no es democrático. Siempre me surge la duda de si beben o han bebido en la fuente del estalinismo o del confesionario, o lo que es peor de las dos.

La próxima será prohibir el Cipotegato, por tener un nombre machista, al tiempo. Y por si sirve, este verano he visto en la playa de la Malvarrosa mujeres con burkini que me han parecido muy sensuales. Pero de mi gusto no se fíen, a mi me pone la Ana Botella cuando me la imagino en ropa interior, sudorosa como en una escena de “La gata en el tejido de la zinc” y diciendo a su marido – José Mari no se te ocurra entrar en la casa con los zapatos llenos de barro- En esto de los gustos…

El xic del pis de dalt

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