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EVALUACIÓN CONTINUA

Lejos de amilanarse el profesor Orenga ante lo que consideró un abusivo atropello a su virtud, tuvo a bien pasado su cabreo ꟷdel que dejó constancia escrita en su volumen «Tortolicos en celo», publicado por Ediciones Paulinasꟷ personarse ante la autoridad competente en materia nacional y ponerse a disposición del menestral de interior, toda vez que su antigua región devenía en estado independiente con su lengua, su frontera, su pasado milenario y su escudo antimisiles.

Inició su andadura burocrática con escasa voz y sin ningún voto, pero con ojos y oídos bien abiertos en busca de donaciones traspapeladas, porcentajes camuflados en tenedurías y arañazos a créditos ilegales que le permitieron con brevedad acaparar una pequeña fortuna con las que satisfacer su libido en apartamentos amueblados de noche y también de día, sin ser lo mismo, y sufragar en su pueblo al mismo tiempo su otra sublime pasión: los fuegos artificiales.

Sorprendido con las manos en la masa por una operación organizada en el seno de la propia juventud de su partido, y bendecida toda ella por sectores de la banca, de la construcción, de la hostelería y puede que hasta de la Santa Sede, salvó su pellejo de la húmeda gayola mediante la utilización de dos viejos recursos: la delación y el soborno, dejó a recaudo el resto de su peculio en entidades transalpinas y aceptó de la nueva administración un singular puesto acorde a su historial en la más vengativa de las oficinas, el Cultural Office, con la noble misión de preparar las preguntas que examinaban a migrantes en busca de papeles timbrados con sellos oficiales.

Primero se moderó, no cabe duda, se limitaba a leer en voz alta desde la tribuna cuestiones consensuadas que normalmente eran del tipo:

 

ꟷOn està el Nou Camp?..

  1. a) A Barcelona
  2. b) A Tarragona
  3. c) A Lleida
  4. d) A Girona

 

O bien:

 

ꟷQuè farem al Canigó?

  1. a) Pujar
  2. b) Baixar
  3. c) Pujar i baixar
  4. d) Pujar, encendre la flama i baixar

 

Se había de ver la cara de satisfacción en la cátedra ante las respuestas satisfactorias de los examinandos, quienes obtenían unas notas altísimas acompañadas de diplomas que les permitían entrar con pleno derecho en la extorsión de las empresas de trabajo temporal.

Para quien conociera la insidia de don Celedonio no cuesta imaginar que tanta bondad se le hacía insoportable. No bien llegó noviembre aprovechó de sus gripes adosadas el estrago de bajas que mermó la plantilla funcionarial, se quedó una jornada solo ante el peligro y después de saltarse el protocolo, con la camisa despechugada, barba de tres días y el birrete del revés, interpeló de uno en uno a los aspirantes:

 

ꟷCanteu-me: «És la Moreneta».

 

Los integrantes de la colonia magrebí se derrumbaron ante semejante cuestión fuera de temario. No digamos oriente y cono sur, alguno de los cuales, por su antigua formación en manos misioneras, tarareaban a su albur:

 

ꟷVida y dulzura, esperanza nuestra, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva…

 

«¡Suspenso, el siguiente!», mascullaba don Celedonio con apretadas mandíbulas y mirada de inquina sobre las masas temblonas. Aquella mañana se cargó a más de treinta, pero como siempre hay excepciones que justifican la barbarie, el etíope Messali Al Hadj entonó brazos en alto, templado compás en sus pies e insinuación de aires de cobla:

 

ꟷÉs la Moreneta

La fe del poble catalàevaluacion continua

L’estel del seu camí

L’afany dels seus amors,

De l’escolania

La veu han escoltat

I el so de l’oració

Ressona per tot Monserrat.

 

Alzóse el doctor Orenga de la tribuna con lágrimas en los ojos para acoger al muchacho en su seno, le hizo agachar para permitir mejor encuadre de la foto y balbuceó entre sollozos: «D’un gran mal en surt un gran bé».

Ni que decir tiene que aquel joven fue cubierto de agasajos, fanfarrias, alabanzas, glorias, y su persona recomendada a las más altas instancias. Así obtuvo un merecido puesto de trabajo en la limpieza, escoba en mano, de la Plaça Imperial y sus aledaños, labor desempeñada con la eficacia, virtud y esmero que otorgan catorce pagas y seguridad social.

¿Y don Celedonio? Colmadas sus cuitas patrióticas vio momento de hacer un discreto mutis por el foro de la gestión democrática y disfrutar, ahora sí, de un merecido retiro en Niza, entre el Hotel Negresco y la ortodoxa iglesia de San Nicolás de la que se hizo ferviente feligrés, con una esperanza de vida que para sí la quisiera el mismísimo obispo de la Seu d’Urgell.

 

 

 

Para conocer más sobre D. Celedonio, léase «Ex Cathedra», publicado en esta misma revista en marzo de 2016.

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