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Éxodo y Memoria Histórica

Decía algún ilustre político, y asentían sus adláteres ideológicos, que Europa -¿qué es eso de Europa?, ¿dónde empieza y dónde acaba Europa?-. Bien, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí!; dialogaban estos civilizados dirigentes sobre el origen cristiano del continente europeo; “cristiano”, ¿recuerdan?: símbolo de grandes valores morales, símbolo y mensaje de paz; símbolo, en fin, de ayuda al prójimo, ¿les suena?

Pues hubo un tiempo en que esa Europa tan generosa fue cuna de uno de los más grandes movimientos migratorios de los que hay constancia. En número cercano a 23 millones de almas y a lo largo de varias décadas del siglo XIX, llegaron a la costa este de E.E.U.U. emigrantes que por distintos motivos se vieron en la necesidad de abandonar sus países de origen.

Guerras, persecuciones o hambrunas provocaron un éxodo masivo de Inglaterra a Grecia, de Escandinavia a Italia. Estos apátridas ciudadanos tuvieron que sufrir, amén del exilio, insultos, vejaciones y reacciones racistas y xenófobas, aunque también hubo quien tiró de solidaridad y procuró facilitar su situación a los pobres europeos.

España no ha sido ajena a este tipo de situaciones y también ha tenido su particular éxodo; en este caso fue provocado por una guerra civil fratricida y una larguísima dictadura. Cerca de un millón de personas tuvieron que emigrar, bien hacia algún país europeo, bien hacia Sudamérica, para poder ganarse la vida o simplemente para conservarla.

Sin embargo da la impresión de que los europeos no hemos aprendido nada; ninguna de las desagradables experiencias por las que pasaron nuestros antepasados parece haber servido para tomar conciencia de lo que debería ser Europa, supuesta cuna de la civilización y la democracia (¿alguien recuerda Grecia y Roma?).

Pues bien, en el siglo XXI estamos asistiendo atónitos e impávidos a uno de los más importantes éxodos desde la 2ª guerra mundial. Efectivamente, ahora son los sirios los que deben huir de su país debido a una guerra provocada por su dictador presidente ante la desidia y la inacción de una Europa que vive esclava de la dictadura de la indiferencia (“no se puede hacer nada más”, “es lo que hay”…); pero antes han sido magrebíes, subsaharianos…y, desgraciadamente este éxodo continúa.

Y ante todos estos casos, ¿qué está haciendo Europa? Recuperar fronteras y establecer cuotas de inmigrantes como si estos fueran una suerte de productos alimenticios perecederos. ¡No, señores dirigentes! Son personas con muchas necesidades y todas las carencias; y rechazarlas apelando a que entre ellas se ha podido colar algún supuesto terrorista de Isis es demagógico y falaz porque no está demostrado. Este comportamiento, por lo tanto, indica una creciente, y muy preocupante, xenofobia en el seno de esta Europa supuestamente cristiana.

Invito a los europeos a que abran sus países y acojan sin cuotas ni prejuicios, a cuantos refugiados lleguen, como si de un arca de Noé se tratara, utilizando un símil cristiano. No olvidemos lo que nos pasó hace poco más de un siglo, pues parece que tenemos una memoria muy corta y, lo que es peor, selectiva.

Escrito por Moska

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