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KARUK: CUADERNO DE BITÁCORA XIX

Cuando nos planteaban los estudios que debíamos realizar en la tierra y cómo abordarlos, no podía llegar a entender el calado de lo que llegaría a vivir aquí. ¡Qué diferente es ver las cosas con tanta distancia! Y no sólo física, también emocionalmente. Algo que llevo constatando desde que llegué a la tierra. He podido observar que también les sucede esto a los que habitan este planeta. Considero necesario y urgente que se establezca una “proximidad”, entendiendo esta como ese contacto imprescindible para que se produzca esa especie de sinapsis emocional que desata la empatía y el compromiso con “el otro”.

En Yaturán estudiábamos que en la tierra había algo llamado globalización, que aunque no extendida totalmente, hacía que gran parte de la tierra viviera unos mismos niveles de educación, comunicación, derechos, tecnología, bienestar, etc. También éramos conscientes de que algunas áreas eran ajenas a esto, pero se trataba de algo meramente anecdótico.

Me han bastado apenas 4 años terráqueos para comprobar lo equivocados que estábamos. Es cierto que existe la globalización, la globalización de los intereses de los poderosos, del capital, la inmediatez, la desafección, la falta de ideales, de compromiso. Y sí, también está globalizada la violencia, el menosprecio a la vida humana y a la dignidad.

No se encuentra globalizado el acceso a los alimentos, ni al agua, ni a la riqueza. Ni está globalizado el territorio, ni el afecto. Estas carencias, tal vez sean los efectos secundarios de esa globalización que beneficia a unos en detrimento de otros.

En este mundo, supuestamente globalizado, se levanta barreras atendiendo al lugar donde naciste, a la lengua que hablas, a la religión o no que profesas, a la pigmentación de tu epidermis, a tus ideas, al sexo con el viniste al mundo o al sexo que sientes como propio, a tu orientación sexual, a tus aficiones, etc. Barreras, barreras, barreras… Todo el tiempo estableciendo diferencias.

Siria y el drama que allí acontece a diario no está globalizado. Se vive allí y en los lugares a donde los sirios deben huir para salvar sus vidas. Personas que son rechazadas en numerosos países, constituyéndose este éxodo en una de las vergüenzas más grandes que vive Europa. ¿No nos planteamos quién mueve los hilos en este escenario?

La prevención y los tratamientos para las enfermedades no están globalizados. Si tienes dinero accedes y te curas, si no lo tienes… mueres, todo dependiendo de dónde tengas la fortuna de vivir.

La globalización no parece tampoco haber llegado a Rusia. Allí existen muchas ciudades donde la vida es casi imposible como Norilsk y Dzerzhinsk. La contaminación producida por su gobierno es tan brutal que la esperanza de vida se sitúa entorno a los 45 años. Tampoco ha llegado a Chernóbil, Ukrania, donde las repercusiones del accidente nuclear perduran, y perduraran en las zonas próximas al reactor, así como en otros lugares más alejados de allíKARUK XIX.

África ha sido esquilmada hasta la saciedad, sangra por todos su poros, pero no queremos que su población, intentado huir de la penuria, nos perturbe en nuestro mundo “globalizado”, así que levantamos grandes barreras para alejarla.

En México se asesina y extorsiona impunemente. Cientos de mujeres mueren, son desaparecidas, maltratadas y vejadas sin que nadie haga nada por solucionarlo. Las mafias y la violencia son la ley. No importa.

Gobiernos corruptos amparan el tráfico de drogas, armas o personas. Gobiernos que participan y provocan conflictos bélicos con una única finalidad, la económica.

Multinacionales que obtienen enormes beneficios utilizando a personas en condiciones próximas a la esclavitud y que luego ofrecen sus codiciados productos a ese mundo globalizado.

El resto de habitantes de ese mundo prefiere mirar a otro lado, enzarzarse en colocar más barreras, subir su altura, instalar concertinas, establecer diferencias, ampararse tras banderas, no preguntar, no indagar, no analizar, no saber.

Los moradores de este planeta andan muy errados.

Pero a mí me mandaron a este planeta para investigar, conocer, analizar, aprender, sacar conclusiones.

Tal vez por eso, o tal vez por otras cosas, quién sabe, mi sinapsis emocional funciona, y por tanto, siento el dolor de las criaturas de este planeta, aunque no sea el mío. Siento como sufren, agonizan y mueren. Nunca imaginé que esto podría suceder en un planeta tan bello y rico como este. Pero, atención, la Tierra ha comenzado a revelarse y ya está pasando factura.

Roberta Taro

 

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