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Karuk: cuaderno de bitácora XVII

“Encerrado en un cuerpo equivocado,  con mil llagas en las manos,  luchando por vivir  dentro del huracán que le atropella,  que le asfixia y que le atrapa,  que tanto le hizo sufrir.  Lo importante era al fin,  su manera de sentir.  La esperanza le jugó malas pasadas,  devolviéndola en revancha  el afecto que entregaba;  y aún el huracán le atormentaba  esos sueños que anhelaba  sentir como una flor;  donde no existe condena,  si se trata de él o ella…”

Letra de “Como una flor” Malú

Hoy me he preocupado mucho por mi amiga Roberta. La encontré esta mañana con la mirada pérdida hacia ningún lugar y por una de sus mejillas caía de forma silente una gota de ese líquido que ya se me antojaba familiar. Su puño derecho atrapaba, hasta casi dejar sin sangre algunas zonas, lo que parecía ser un papel. No me atreví a decir nada, intuí que no era oportuno.

Cuando transcurrió un tiempo que entendí razonable me acerqué a ver cómo se sentía. No la encontré, en su lugar sólo hallé un papel muy retorcido sobre la mesa. Se trataba de una noticia del periódico. “Alan, un menor transexual de Barcelona que logró cambiar su DNI, se suicida por acoso”. Recordaba que mi amiga y yo habíamos comentado que un juez había autorizado, en el papel que los habitantes de este país utilizan para identificarse ante los demás legalmente, su cambio de nombre. A Roberta le pareció una gran noticia, me explicó que existían personas que se encontraban encerradas en un cuerpo y una identidad legal que no se correspondía con su identidad real. Me habló de su lucha, sus reivindicaciones, su SUFRIMIENTO.

El tema no me resultaba ajeno, en mi planeta también sucede, pero esto no supone un problema, entra dentro de lo que denominamos reasignación de código alfa. Cuando es detectada la derivación de código alfa, damos prioridad a su reasignación para evitar cualquier potencial problema producido por dicha derivación, por ello no nos enfrentamos a este tipo de situaciones. Aunque no siempre fue así, nosotros también sufrimos una fase de intolerancia y temor que nos llevó al límite, aproximándonos a la autodestrucción y desaparición del planeta. Esto nos hizo enfrentarnos a estos modos de actuar tan poco constructivos y tener así una segunda oportunidad. Aprendimos muchas lecciones y una de ellas fue la de respetarnos unos a otros, admirar nuestra belleza como seres vivos y amar nuestra diversidad, es lo que nos engrandece y nos ha hecho ser un pueblo evolucionado.

Leí la noticia y me quedé helado, cuando todo parecía que empezaba a encajar en la vida de Alan, cuando el sufrimiento de los años vividos comenzaba a dar algún fruto, nuestro pequeño Alan se rompía para siempre.

Las personas que habitan este planeta, esos seres que tanto he admirado antes de llegar a la Tierra, deben hacer una profunda reflexión. Cuando un niño se quita la vida por no poder superar la terrible presión a la que se le ha sometido desde corta edad, creo que deberían pararse y pensar que algo no va bien. El odio al distinto, “al diferente” (afortunadamente, todos los seres de este planeta lo son), es instalado en los más pequeños por una sociedad enferma. Sí,  enferma. Me atrevo a afirmarlo porque nosotros, mi pueblo, ya pasó por eso y sé de lo que hablo, y por eso puedo decir que sólo desde la educación, el conocimiento y el RESPETO, se puede comenzar a caminar.

La diversidad de género existe, hay personas como tú que lo pasan mal y tienen su vida mucho más difícil porque el resto se empecina en que así sea.

Ahora os hablo a vosotros: os hace sentir fuertes y grandes el hecho de insultar, perseguir, condenar, prohibir, castigar e impedir el sano desarrollo de vuestros semejantes. Os hace sentir a salvo de otros que tal vez quieran hacer lo mismo con vosotros, gente de vuestra misma calaña. Es fina la línea, creedme.  Mañana, tal vez seáis vosotros los que sufráis la pequeñez, la ira y la miseria de otro que, como vosotros, tiene la cobardía instalada en su alma.

Roberta Taro

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