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KARUK: CUADERNO DE BITÁCORA XVIII

Investigando un poco en la historia de este planeta, y más concretamente en España, he rescatado un documento muy peculiar para mí. Se trata de La ley de vagos y maleantes, una ley del código penal español de 4 de agosto de 1933 y que fue modificada por el régimen franquista para incluir la represión de los homosexuales el 15 de julio de 1954, como sigue (modificaciones en negrita):

«Artículo primero: (…) el número segundo del artículo segundo y el número segundo del artículo sexto de la Ley de Vagos y Maleantes, de cuatro de agosto de mil novecientos treinta y tres, queda redactados de la siguiente forma:

Artículo segundo.- Número segundo.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas. (…).

Artículo sexto.-Número segundo.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos o lisiados, se les aplicarán para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:

  1. a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
  2. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
  3. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados.»

En 1970 fue sustituida y derogada por la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, de términos muy parecidos, pero que incluía penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles o manicomios para los homosexuales y demás individuos considerados peligrosos sociales para que se «rehabilitaran».

Resulta sorprendente el cambio de mentalidad que, afortunadamente, se ha dado en este país. Los cambios sociales y legislativos que se han producido en las últimas décadas hablan de un crecimiento y madurez dignos de mención.

La represión, reclusión y muerte, las vejaciones, clandestinidad, ocultación y violencia de todo tipo. El confinamiento en la sordidez y el estigma del pecado, han ido dando paso, poco a poco y con mucho esfuerzo y sufrimiento, a que muchas personas puedan ocupar hoy los espacios antes vedados y ser dueños de sus vidas, como lo eran los demás, con CASI los mismos derechos, siendo diferentes, porque todos los somos y sintiéndonos orgullosos de serlo.

En estos días, hemos podido asistir a un ambiente de fiesta y reivindicación, en el que PERSONAS con formas distintas de vivir la vida y el amor, adultos, niños, jóvenes y ancianos, se han dado cita en los actos festivos y culturales que han recorrido, entre otras, la geografía española, disfrutando de lo que supone el enriquecimiento que proporciona la diferencia. El miedo, el odio, la violencia y otros comportamientos del pasado han sido mayoritariamente desterrados. No obstante, todavía se siguen produciendo agresiones físicas puntuales, así como otras manifestaciones de violencia, como burlas, represiones e insultos que siguen atormentando y causando dolor a muchas personas, especialmente a los más jóvenes. Tengo la esperanza de que se trate de los últimos coletazos de la ira que alguna gente alberga en su interior (que ante estas conquistas sociales se revuelve por no perder su cuota de reafirmación violenta) y de que vayan desapareciendo.

Tampoco podemos olvidar los muchos países donde se continúa matando, encarcelando y torturando a seres humanos, por el único hecho de ser o sentir diferente a lo que los poderes consideran legalmente establecido. Así sucedía, como hemos visto, en España no hace tanto tiempo.

Esperemos que la cordura y sensatez entren pronto en estos lugares en los que queda tanto camino por andar, y que desde donde ya se han producido estos progresos se inste al respeto a los derechos humanos, que debería suponer nuestra mayor conquista y baluarte.

Por todos aquellos que siguen sufriendo aquí o en otros lugares del mundo, continúa teniendo mucho sentido que se conquisten espacios libres de violencia, y se continúe con el trabajo y la colaboración de todxs.

(A Pedro Zerolo, por su valentía y calidad humana)

Roberta Taro

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