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LA CASA

 

El pensamiento mágico trasciende la realidad y la sublima. En cierta forma puede ser una alienación, o un sentimiento para “poetizar” la realidad. En el aburrimiento de la literatura actual, estoy encaracolado en lecturas pasadas. Puede ser síntoma de senectud pero también la propia realidad de tener un pasado.

En todo caso, sin disculpas, como sabiamente recomienda Mila, vuelvo a mis libros imperfectos y por desgracia atemporales. Pocos me han emocionado tanto y siguen haciéndolo, como “Ocnos” de Cernuda. Cuando la poesía se convierte en artificio, el género, o lo que sea,  “la prosa poética” o simplemente la prosa, me hacen  entrar en el mundo de la reflexión del exilio, que transciLa casaende el propio exilio, para entrar en las emociones de la soledad.

 Editado en México, tres años antes de que naciera, parece pegado a la descripción de mi realidad, como si  una proteína se adhiriera al cromosoma que pasaba por ahí. Una bella, inteligente amiga y librera, tres categorías difícilmente superables, me regaló el librito editado por Taurus, allá por los finales de los ochenta. Comencé a leerlo, sus recomendaciones eran ley, y al llegar al texto “La Casa” encontré una dedicatoria, el texto no les interesa.

 Lo trascendente es que marcaba el propio texto poético, algo así como, “tontolaba tú que presumes de leer a Bukowski deja la pos y reflexiona sobre tu vida”. Es la primera vez, que reconocí mi estatus de fuera de juego. Mi amigo Salvador, psiquiatra él, quizás la persona que me conoce durante más tiempo y desde luego abominando del psicologismo a la moda, no dudaría a achacarlo a mi timidez. Lo cual sorprendería a muchos, sin dejar de ser cierto.

La lectura, treinta y tantos años después ha servido para comprobar que la proteína es parte del cromosoma, y sigue emocionando. Que la realidad está ahí, como la Alhambra al lado del Darro.

Julio García

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