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LAS MARCAS BLANCAS EN POLÍTICA

Las marcas blancas son fáciles de comprar, con el precio más barato, pueden sustituir a las clásicas y conocidas. El vendedor deja caer que, aunque las blancas son fabricadas por empresas de reconocido prestigio y que son iguales o casi iguales, -la leche aunque de marca blanca tiene la garantía de estás envasada por tal marca, que como usted sabe, fabrica productos de calidad-. Siempre ignorante de donde está la gracia, uno la compra, entre otras cosas porque todos lo hacen.

En política también aparecen las marcas blancas, lo primero que hay que hacer es que las siglas sean de la marca blanca y no otras. Ya se encarga el sistema de seguridad de los expositores que son los actos públicos, por ejemplo, en los mítines de Podemos no puede aparecer la hoz y el martillo, que esto puede espantar a algunos consumidores.

El problema surge cuando los  proveedores de la marca blanca son diferentes, con calidades no contrastadas, algunas clásicas otras nuevas y emergentes, e incluso con sabores y texturas diferentes según el lugar de origen de la fabricación. Lo importante no es la estandarización del producto, sino que se conozca el origen para que sea consumido por el elector local de acuerdo con sus simpatías.

Confieso que algunas factorías me agradan pero otros sabores me repugnan y esto me aparta de esa marca.

Las marcas blancas tienen otros inconvenientes, la disminución de opciones donde elegir, con lo que se produce un empobrecimiento de las posibilidades de hacer valer tu capacidad de elección.

Especialmente penosa ha sido la desaparición de la marca Partido Comunista y también, si quieren, de su marca blanca Izquierda Unida. Sé lo que dicen mis amigos de esa formación:

 -Los resultados electorales nos han forzado a eso y aunque ha sido un mal trato con Podemos, nos ha permitido tener más diputados. También que hay que lograr la unión a la izquierda del PSOE.

Son argumentos que comparto solo parcialmente, unos malos resultados electorales pueden ser un punto de inflexión para la recuperación futura, si el análisis no se hace en clave auto contemplativo y si me apuran solo tacticista.

Desaparecer como opción política en una vorágine populista, puede ser que permita a corto plazo conseguir más diputados, sin que desde luego garantice la fidelidad de esos diputados a su grupo de origen. Precio demasiado alto  según mi opinión.

Pero sobre todo como elector me impide tener un refugio de voto seguro, y no me digan que es lo mismo votar a Izquierda Unida que a Podemos. A los primeros les avala su historia y la capacidad de llegar a entendimiento con el PSOE para lograr un Gobierno que expulse al PP. A los segundos no los entiendo ni veo clara su intención, es más intuyo que no les importa la existencia del PP para lograr convertirse en la izquierda dominante. No sé, me recuerda excesivamente el pacto tácito, entre el PSOE y Alianza Popular para cargarse a UCD.

 Me gustaría que ante la aparición de marcas blancas, siguieran existiendo Izquierda Unida y el PSOE, aunque el aparato del PSOE se empeñe a enviarlo a la irrelevancia. La esperanza es que sea un desgraciado percance para un partido con más de cien años de historia, aunque eso no es ninguna garantía ya que parte de esa historia lo ha pasado con periodos de irrelevancia por  hacer lecturas políticas inadecuadas  con lo que demandaba la sociedad. ¿Se acuerdan de Llopis?

Creo que a estas alturas está claro que no me gustan las marcas blancas.

El xic del pis de dalt

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