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Marie Claire

En las procelosas noches del franquismo de gris oscuro y negro aparentemente como siempre han sido. Escritas con olor a fritos y de paseos lentos como de andar pero  haciéndose notar lo justo de las señoras prostitutas, que para eso estábamos en una España de Congreso Eucarístico, devoción mariana y chulería  falangista de manga arremangada y tatuaje de amor de madre; donde se iniciaba a los sobrinos con visitas acompañados de los tios, a las putas de confianza con la recomendación – llévate al chico y espabílamelo-, Apareció  unos de los primeros signos de modernidad autóctono, que antes nos llegaban de contrabando , las medias de seda ajustadas.

La bendición para salir de la cutrez dominante venia de un pueblecito del Castellón carlista y de geografía arizonesca, tierra de romerías votivas, Vilafranca  que si quieren también del Cid.

En esa tierra de piedra seca floreció la fábrica de medias   Marie Claire, nombre francés que vende más y ofrece sofisticación. Quizás a las chicas de ahora les parezcan demodés, pero para sus madres y sobre todo para sus abuelas supuso la conciencia de su feminidad que intentaban borrar los sermones dominicales, donde alertaban de los peligros de las trasparencias y ahí entraban tanto  las medias  como los tules que difuminaban pechos generosos y que así cubiertos cumplían con lo del cuello cerrado pero que ponían en marcha el más poderoso de los órganos sexuales, la imaginación. Las organizaciones fascistas dedicadas a la mujer preferían las medias de lana de los trajes regionales de los coros y danzas.

Marie Claire alimentó la imaginación de una generación de asiduos a los confesionarios que para eso te hacían ir a comulgar. Cuando se llegaba al quinto, lo resolvías –Padre, he tenido pensamientos impuros-. Fórmula de compromiso que te permitía  salir del atolladero, si no te encontrabas con el cura sátiro, de aliento acre que te apoyaba su cara y que  pedía los detalles- En todo caso las imágenes de piernas con medias, eran un patrimonio personal y no lo compartías entre otros motivos  porque hacían aumentar los padresnuestros y las avesmarias de la penitencia.

De todas,  las de  costura trasera eran las mejores, siempre que esta se mantuviera recta y sin bolsas. Cuando esto ocurría perdían la magia y se convertían en un elemento de crítica feroz.

Recuerdo  una conversación mantenida dentro de ese deporte tan querido, la maledicencia. Donde se estaba  hablando  de una persona y una asistente apostillo, como lo peor de lo peor, -Aun recuerdo  cuando tomó posesión en el Ministerio y apareció con unas medias con bolsas y la costura torcida- – El grupo cambio de tema ya no se podía decir nada más.

Las medias eran una propiedad que había que cuidar, cuando llegaba la temida carrera, iban a la mercería más cercana para ser reparadas. Lo que se hacía en una mesa con  bastidor diminuto y una especie de soldador de precisión que hacia verdaderos milagros. Otro día entraré en la profunda fascinación que me producen las merceras con sus gafas de carey sobre todo cuando miran por encima y la mirada adquiere vida en contraposición con la vista al objeto del que se ocupan.

Las Mari Claire como traslación del cine norteameriano de los cincuenta, ayudó a crear  una generación de fetichistas  y a Berlanga el director de cine reconocemos como   Papa. Para esta tribu la subida de la falda por encima de la rodilla por allá el principio de los sesenta fue la mayor revolución, nada que ver con la minifalda de Mary Quant donde lo obvio atentaba al misterio de lo desconocido.

Supongo que todos tienen imágenes icónicas, mi preferida. Sofia Loren ya madura desnudándose ante Marcello Mastroianni que se queda dormido en Pret a Porter. Quizás una parábola del paso del tiempo.

Hablando de este y otros temas con mi buen amigo Salvador, luchador antifranquista varias veces condenado en su juventud, me comentaba que en la cárcel, cuando alguno estaba viendo la televisión  y ponían el anuncio de los pantis, salía raudo a la puerta y gritaba ¡Marie Claire!. Acudiendo los presos corriendo a mogollón.

Creo que por todos estos motivos expuestos a la firma Marie Claire, habría que proponer convertirla en Patrimonio Nacional.

El pichilin inquieto

2 thoughts on “Marie Claire

  1. A. de Toro dice:

    Este artículo me ha recordado un tiempo pasado en el que comprar unas medias se convertía en todo un acontecimiento, sobre todo unas Marie Claire

  2. A. de Toro dice:

    Felicidades por la nueva página Web. Es completa, ágil y fácil de manejar. Enhorabuena.

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