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PAJARITOS

Durante un reciente paseo por el campo pude observar cómo en un pequeño nido un polluelo era alimentado por uno de sus padres. Quedé impresionado por el tamaño de la cría que superaba con creces el de su progenitor. Al instante recordé que el cuco común (Cuculus canorus), ese ave cuyo canto nos indica en muchos relojes de pared el paso inexorable del tiempo, practica el parasitismo de puesta, pone sus huevos en nido ajeno para que otros se encarguen de criarlos. Vigila cómo otras especies construyen sus nidos y, cuando éstas ponen sus huevos, aprovecha una ausencia parPajaritosa comerse o tirar algunos huevos y poner uno suyo. Cuando el adulto regresa, no nota nada y sigue empollando.

El cuco parasita a especies cuya alimentación es similar y que ponen huevos parecidos a los suyos. El polluelo de cuco nace un par de días antes que los demás porque su tiempo de incubación es más corto. Horas después de salir del cascarón, el pequeño cuco de apenas tres gramos, empuja fuera del nido a los otros huevos o pollos. Si su madre biológica hubiese puesto más de un huevo, los jóvenes cucos lucharán entre si y solo quedará el más fuerte. Con esta “sutil” forma de proceder se convierte en el único habitante del nido. Su madre adoptiva, con gran esfuerzo, no para de cebar a ese pollo que en pocos días le dobla el tamaño. En la mayoría de ocasiones terminan por no caber en el nido y se trasladan a una rama cercana.

El polluelo abandonará a su extenuada madre adoptiva a los veinte días y pasado un tiempo volará hasta África donde sus padres biológicos marcharon poco después de la puesta.de huevos. Al siguiente año regresarán en busca de nuevas víctimas.

Continué el paseo degustando el paisaje y pensando en otra especie que desde pequeño llama particularmente mi atención: El alcaudón real (Lanius excubitor). Tiene una percepción visual prodigiosa. Además de insectos y escarabajos también se atreve con presas de mayor tamaño, como son lagartosratones y otros pequeños mamíferos e incluso otras aves. El alcaudón imita a la perfección el canto de éstas últimas y así son atraídas o simplemente se confían sin pensar que, muy cerca, hay un letal enemigo que espera el menor descuido.

Al ser capturadas todas estas presas de mayor tamaño, son empaladas por el alcaudón en grandes espinas naturales o alambres de púas, improvisando así despensas por si no termina de comérselas de una sola vez. De niño se me grabó la imagen de un jilguero que comía tranquilamente semillas de cardo junto a toda la bandada, y que en un despiste fue atrapado por un alcaudón. Me impresionaron de tal manera aquellas imágenes acompañadas por la voz de Félix Rodríguez de la Fuente que no las he podido olvidar.

Pensando que, al fin y al cabo, son especies que subsisten así, quizá contribuyendo al equilibrio natural, continué por una senda hasta una fuente donde me dispuse a almorzar. Con la mirada perdida en una pinada cercana y mi pituitaria rendida al embriagador aroma de una mata de romero, una serie de imágenes se mezclaron en mi cabeza.

¿Qué clase de monstruo puede hablar nuestro mismo “idioma” y gracias al discurso vacío de siempre endulzado por cantos de sirenas logra engañarnos una vez más? ¿Quién es, si para beneficio propio priva a tantos de lo que les pertenece? ¿Qué especie deja trabajar a los demás para apuntarse la paternidad de algo que no le corresponde y además se queda con sus frutos?

Muchas bandadas de aves quieren volar tan alto que, en ocasiones, a algunos de sus “pájaros” la falta de oxígeno les aturde haciéndoles desplomarse hasta el suelo, donde son apresados y acaban siendo enjaulados.

Llegan unas nuevas elecciones y no solo sobrevuelan el cielo palomas blancas con una rama de olivo en el pico. Es difícil distinguir en el horizonte político a algunos pájaros especializados en el engaño. No obstante, les diré que algunas aves, con el paso del tiempo, han aprendido a distinguir los huevos del cuco, y otras huyen raudas cuando barruntan la peligrosa presencia del Alcaudón.

Manuel Romeu

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