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REMEDIOS

Los resultados académicos de este curso arrojan un nivel ínfimo entre el alumnado de la República de Nueva Asdrubalia, por lo que su Presidente ha convocado un gabinete de crisis para elevar la moral de las tropas pioneras, mantener serena a la ciudadanía ahora que no hay fútbol y estimular la fabricación de juguetes, muy resentido su consumo tras los catastróficos boletines recibidos.

Comprometidos tanto el titular del Ministerio de Cultura como el de Sanidad en ahondar sobre las causas de semejante desidia y tras haber cobrado las dietas por lo extraordinario de la reunión, han acordado reunir en un colmado adaptado como laboratorio -de ubicación imprecisa por cuestiones de seguridad-, a un grupo de científicos en materia de alimentación, con el fin de hallar la enzima necesaria que convierta en nutrientes humanos los materiales de imprenta que conforman los libros –hipótesis observada en la alimentación de las cabras-, convencidos de que el pueblo, incapaz de asumir los contenidos curriculares por vía intelectual, lo haga al menos por la digestiva, y ver si de esta manera se amortiza algo de la inversión escolar, se alivia el stock editorial o cesa al menos el dolor de cabeza entre los docentes.

Con esta fórmula se pretende además controlar realmente qué come y qué lee la población, pues obesidad e ignorancia van de la mano y ya es hora de tomar cartas en el asunto, pues en palabras del presidente, «” semos” el hazmerreír de la ínsula».

El procedimiento por el que los individuos adquieran nociones por vía oral sobre una u otra materia será el habitual de las recetas emitidas por el médico de cabecera, dejando para el profesorado la comprobación de sus obligadas tomas, su control de peso en ayunas y evaluar la eficacia del proyecto mediante reválidas.

Las ventajas de esta pionera Reforma Educativa apuntan hacia diluir el sempiterno problema de falta de lectura entre las masas y realizar convenientemente cinco comidas por persona y día, bajando la intensidad de la ingesta desde la mañana a la noche para así acurrucarse liviano en los brazos de Morfeo. Para adecuar metabolismos, los servicios de Propaganda Moral han elaborado unos folletos-guía donde el menú standard es más o menos el siguiente. Se recomienda desayunar sobre las siete y media un volumen de literatura medieval, tipo Jorge Manrique, eso sí, con un tazón de jarchas. Almorzar sobre las diez algún ensayo frugal de filosofía clásica (Ovidio muy saludable, Epicuro también) aunque puede trocarse por una obrita corta de teatro vanguardista (Pirandello, Fo, quizá Arrabal). Comer al mediodía un primer plato de cuchara a base de realismo mágico sudamericano (García Márquez, Vargas-Llosa, Mújica Láinez…), de segundo un relato de Chéjov y en el postre yogurt de Kavafis o una casida lorquiana; asegurarse un mínimo proteínico en la merienda con narrativa italiana de posguerra (Italo Calvino, Moravia o Pavese, preferentemente) y ya cenar ligerísimo algo de Gloria Fuertes. Nada de pornografía (Bukowski y Apollinaire quedan censurados) ni picar tratados de economía marxista entre horas.

Calculan los eruditos que en la siguiente década serán notorios los resultados. Y entonces que nos vengan con informes PISA… ¡ja!

Ramón Díez

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