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ROJIGUALDA

Es un buen momento para hablar de banderas después del despliegue que mis conciudadanos han hecho en los balcones estos últimos días.

Reconozco que me cuesta ver la bandera de España en los balcones sin que piense automáticamente en la derecha más rancia, y no es justo porque se supone que es un símbolo que nos agrupa a todos, pero a mí me recuerda al dictador que obligaba a gritar ¡Viva España!.

La historia nos dice que la elección de los colores de la banderita se resolvió mediante un concurso, ordenado por Carlos III a su ministro de Marina, que ganó la rojigualda por ser los colores más llamativos en el mar. La bandera naval se convirtió en nacional durante el reinado de Isabel II y ha ido cambiando su escudo según los que mandan. La versión que incluyó el águila de San Juan, por orden de Franco, fue la peor.

El dictador y el pajarraco desaparecieron hace más de cuarenta años, aunque algunos, que echan en falta el aguilucho, aun ondean aquella bandera.

Las glorias deportivas han ayudado a darle un nuevo espíritu deportivo, de celebración, pero ahora que el país está revuelto con el asunto catalán, han salido a los balcones con un simbolismo político, de división, de sentir la patria como los que ya tuvo.rojigualda 1

A la enseña española le sobra herencia histórica y quizás le falta un poco de publicidad o de marketing como la norteamericana, que nos la venden como el sueño americano y adornan nuestras camisetas haciendo publicidad de un país que permite la venta de armas, entre otras muchas cosas. El que algunos partidos de extrema derecha se hayan apropiado de ella y ondeen banderas con aguiluchos en sus concentraciones, no ayuda a que sea más popular.

Quizás algún día podamos desplazar metonimias de los símbolos y descartar los fantasmas del pasado y miremos la bandera española como lo que es y no como lo peor que fue.

 

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