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SEUDONIMOS

Para celebrar este quinto aniversario algunos inconformistas han querido compartir los significados de sus seudónimos. Gracias a todos por participar.

 

Sin disculpa.

Hace ocho años escribí mi primera novela —una vez decidido que era hora de plasmar lo aprendido en palabras y compartirlo con los demás— y le puse por título No voy a disculparme. Toda una declaración de intenciones. El que quiera entender, que entienda.

Maria Valeska

Sobre el significado de mi seudónimo no hay mucho que explicar, fue el alias que elegí para mi primer correo electrónico.  Algunos me han preguntado si es por la amante polaca de Napoleón, Marie Walewska, pero no lo hice de manera consciente, fue lo primero que me salió cuando no quise poner mi nombre de verdad en el correo. 

Ramón Díez

Hola, mi seudónimo en El Inconformista es Ramón Díez, un nombre que parece un nombre, y un apellido que también. De hecho tengo algún amigo que se llama Ramón y he conocido a lo largo de mi vida varios Díez. Sin embargo las obras de diversos autores a los que he ido conociendo: Rulfo, Amado, Moravia, Orwell, Nabokov… fueron apilándose esparcidas por distintos lugares de mi casa: la mesita de noche con Delibes, la del teléfono con Ibarburu, el retrete con Echenique, la estantería del recibidor con Zweig… En fin, que correctamente ordenados dan eso mismo, Ramón Díez. Para que luego digan que el destino no está escrito.

Mambrina

Dicen que el legendario rey moro Mambrino poseía un yelmo de oro puro que le hacía invulnerable. Pues sencillo, apelo a la creencia de la invulnerabilidad de su yelmo de oro, a su fortaleza, y también a la creencia de Don Quijote tocado con su “baciyelmo” como protección craneal. Porque además Mambrino bien pudo ser Mambrina.

POSETE

Corría el año 1986, y yo tenía 15 años. Ese año nos hizo su habitual visita de cada 76 años el cometa Halley. AVA (Asociación Valenciana de Astronomía) hizo una observación pública del cometa Halley en el Saler. Me moló mucho la Astronomía, y me hice socio de AVA. Allí coincidí con más gente de mi edad. Había un socio de mi edad llamado Antonio “El Ciezano” (Ciezanico pa los amigos), que era muy salao. Con quince años, yo medía 1,50. No me desarrollé hasta los 17. De los 17 a los 19 crecí veinte centímetros. Pero en 1986 yo medía metro y medio. El resto de gente de mi edad ya se había desarrollado físicamente. Lo de “ciezano” era porque era de un pueblo de Murcia llamado Cieza. Pues bien, en Cieza a los posavasos les llaman “posetes”. Y Antonio dijo: eres pequeño como un “posete”. Y “Posete” se me quedó para toda mi vida.

MANUEL ROMEU

Cuando utilizo un seudónimo rindo homenaje a mis abuelos maternos, el nombre de uno y el apellido del otro.                                                                                                                                                                                                                                     REBELDE CON CAUSA

 

A pesar de los muchos años que ya tengo y de que dicen que los años apaciguan al individuo, sigo siendo una rebelde y en cuanto a la causa los acontecimientos diarios me proporcionan más causas de las necesarias. Además es un reconocimiento a una de las grandes películas que nos ha dado el cine…

AYLA

Personaje del libro El oso cavernario que leí en el año 1973 y que ha sido la guía femenina de mi vida.

Peter Norit  

Temo mucho la escritura, dada mi capacidad para desbarrar. Fue un desbarre lo que escribí acerca de los borreguitos providenciales que aparecen en “El ángel exterminador” de Luis Buñuel . Estuve visionando el film para realizar un trabajo de ilustración que podré verse expuesto en los cines Aragó a partir del 1 de diciembre, y de ahí surgió el seudónimo NORIT (el borreguito). Lo de Peter, vino por añadidura y no viene al caso explicarlo: El que tenga ojos, que lea y si no que venga a ver la expo. 

LA COSILLA

Me autodenomino “la cosilla” debido a que estoy creído de mí mismo mismamente que ocupo muy poco lugar en el espacio y cuando me miro al espejo me tengo que poner las gafas de lejos. Por otra parte, me considero un ser completamente normal.

Al tener un concepto de mí mismo tan leve, no me queda más remedio que recurrir a lo creyente y como buen creyente no me queda otros bemoles que pensar que Dios a veces está un poco ausente. Hace poco pase al lado de unos chicos que profesan una religión de las que yo llamo “paraleloapocalipticasencorbatadas” y montaban guardia a la vera de unos carteles con una serie de slogans de este tipo y pelaje:” ¿Existe un creador?”, me quedé con ganas de preguntarles (menos mal que seguí andando), – ¿Existe uno de mantenimiento? –

LA ALEGRIA DE LA HUERTA. 

Me llaman la alegría de la huerta porque me apellido Lahuerta y soy muy pesimista. Cuando trabajaba en el Restaurante Erajoma un compañero de trabajo afirmó que yo era un agorero y que, si todos pensáramos como yo, estaríamos todos muertos.

Por otro lado, hay un restaurante que se llama la Alegría de Lahuerta. Está cerca de la playa, situada en la Malvarrosa.

Un pesimista siempre debe recordar, que cuando llega lo inevitable surge lo imprevisto.

MONUMENTO 1 Y MOUMENTO 2 

Somos dos monumentos. El primero del continente americano le segundo del “terreno pepero”, perdón, de España quería decir…

Nos unió el trabajo, y como muchas personas, no nos llevábamos bien. Acabamos siendo tan inseparables que decidimos elaborar el horóscopo mensual, de nuestro querido periódico El Inconformista. Nos escondimos bajo el nombre de “MONUMENTOS”, simplemente porque “estamos muy buenas” y ¡ojo! No es que nosotras lo pensemos… nos lo decían los demás.

Por edad, (ya que soy la benjamina) escogí el nº 2.

A ella le cedí el primer puesto, por ser más mayor y por estar “más buena”. Esas curvas colombianas tenían que ir en cabeza.

Nos separó el destino, tuvo que volver a su país. Desde ese día, no hay momento en que no la recuerde.

Desde aquí decirte: ¡te quiero monumento 1!

MOSKA

Lo de “mosca” (así con “c”) comenzó en el colegio. Ya se sabe que los niños, de ahora y siempre, hemos sido crueles por naturaleza. Por lo tanto mis compañeros me insultaban llamándome así y a mí, claro, me “mosqueaba”.  Pero todo eso acabó al tiempo que dejamos el cole y pasamos al instituto. No sé si es que habíamos madurado o nos habíamos cansado. Sea como fuere, en bachillerato pasó a ser mi apodo: “Hey ¿Habéis llamado “al mosca” para salir esta noche?”. Así hasta que llegué al Inconformista firmando con este seudónimo, de una manera un tanto pretenciosa, para tratar de remover conciencias con mis artículos. Desconozco si habré logrado mi propósito, pero voy a persistir. Lo de la “k” es para darle un cierto aire de antisistema o “anarco”.

EL PICHILÍN INQUIETO

En la prehistoria de la facultad donde era costumbre conocer a la gente por sobrenombres, de todos el más genial era el “pichillín inquieto”, correspondía a un compañero, que al acabar ejerció de psiquiatra, no tuve relación con él y sí con su novia Esperanza que fue la primera persona que contacté en mi ingreso al PCE, y de la que estuve platónicamente enamorado, ella no lo sabe. En todo caso era más ocurrente y divertido que el que me pusieron a mí, “el pedales”, porque siempre estaba pedaleando para poner en marcha mí viejo Vespino.

EL XIC DEL PIS DE DALT

Es ese niño tocacojones que corretea por el pasillo, tira las canicas constantemente y llora a destiempo. Suelo utilizarlo para los escritos más ácidos.

JULIO GARCÍA

Era mi nombre de clandestinidad, allá en la juventud, por cierto existía Franco.

VALERO DE LUNA

San Valero es el patrón de Zaragoza. Se celebra el 29 de febrero, que son fechas de fríos y ventoleras en esa Inmortal Ciudad. Allí, en febrero. cuando uno encuentra el oportuno carasol al abrigo del tenaz cierzo, recibe el calorcito seco del sol de invierno, calor de teta materna, goce cósmico que pocos otros superan.

Luna es el nombre de una bonita y noble Villa de la comarca de las Cinco Villas de Aragón. Fue también apellido de familias nobles aragonesas. A Benedicto XIII, el Papa Luna, se le conoce por mantenerse en sus trece, como buen aragonés, según prescribe el tópico.

Cuando uno es emigrante, perdido en la anomia de la gran ciudad, cuando tu apellido no remite a ninguna localidad, familia conocida, compañeros de colegio, ni a raíz alguna, sino que funciona igual que un seudónimo, sobre todo si uno ha ido a parar a un lugar donde las élites imponen una identidad que en gran medida te excluye, puesto a inventarme un nombre opté por la nostalgia como mi mejor alias. Nostalgia de cuando uno era alguien y en cierto modo tenía algo de noble, cuando uno tenía un nombre inscrito en tradiciones y genealogías. Nostalgia de lo que en realidad apenas existió, pero que tiene la fuerza de los mitos.

(Viriato © en cualquier w.c. de España)

Cuando yo era muy pequeño, bueno en realidad sigo siéndolo. En fin, desde mi más tierna infancia, me ha gustado leer frases cortas…sí, aquellas de la M con la A: Ma y todo aquello de “Mi mamá me mima”…Por eso, cuando en mi adolescencia más precoz empecé con la literatura “escatológica”, sí, aquella que la gente escribía y leíamos en los retretes de los institutos. Aquella literatura con todas esas magníficas frases del estilo de: “Cagar da gusto, oler da pena, no seas guarro y tira de la cadena”, o esta otra de “En este triste cagadero busco en vano el papel, con los tres ojos abiertos y no puedo dar con él”. Pero, sin lugar a dudas, la frase que más me impacto fue la que rezaba así: “Aquí murió Viriato tocándose el B……” y me sustituís la letra B, con sus puntitos, por un tubérculo de sabor dulce.

P.D.: toda esta explicación la conoceríais si hubieseis leído mi ¿artículo?  “Entitulado… EL TIGRE”

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