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Terror en Valencia (IIIIII sextus)

Corría el año del señor de dos mil quince, ¡Uy perdón!, eso era otra historia. Ya hace algún tiempo, esta sí (¡eeeee…Hoo ha!), alguien me conto un misterioso relato, que no sé por qué, a mi me recordó una gran película “los pájaros” del inmenso, y no por su circunvalación estomacal, Alfred Hitchcock, donde chillaba mucho una actriz, Tippi Hedren, sí la mamá de nuestra Melanie, ex banderas (es que siempre aparece mi faceta de cronista rosa). En fin, voy a intentar relataros la historia tal como me la contaron…o no.

Era una tórrida tarde de verano. Todo estaba en calma, como para moverse, con casi cuarenta grados a la sombra. Sin embargo, en el aire flotaba un halo de desconfianza, mejor dicho, de terror. Vosotros pensareis que estaba provocado por ese bochornoso, a la vez que pegajoso ambiente. No obstante, no se trataba de la temperatura, tampoco de los mosquitos tigre (es por las rayas, aunque parece más adecuado denominarlos mosquitos diplodocus), Entonces, ¿cuál era su origen?, ¿eran palomas?, esas ratas del aire, no. Tampoco estaba motivado por esos simpáticos y…tan valencianos animalitos que merodean por nuestras casas las largas tardes de verano, sí, los murciélagos,  y que nos deleitan con sus vuelos circulares. Nos estamos refiriendo a los pájaros, ni tan siquiera a los pájaros de los partidos políticos (donde pululan más que nada esos buitres…). Nos estamos refiriendo a esos, cada día más abundantes, pájaros verdes, si, esas bandadas de loros de color verde, las conocidas como “cotorras argentinas”. No, de verdad, sin ánimo peyorativo, no se trata de calificar a las señoras de ese lindo país americano,  que además, como las de aquí, están caracterizadas por no dejar de hablar, “esteeeeee, que bueno que viniste, pero…me da bronca que vos estés psicoanalizándome todo el rato”.  En fin, como ya hemos dicho, se trata de esas aves, que serían preciosas si dejaran de gritar constantemente y, que se reproducen a un ritmo vertiginoso, cual conejos voladores, en apenas unos años ya contamos con unos 20.000 ejemplares y…subiendo, a estos pájaros no se les puede decir eso de… ¡no hay huevos!

Desde mi modesto punto de vista, este incremento también se podría deber a la constante actuación de la incentivadoras “abuelas dadivosas”, si esas que tiran comida delante de tu patio… ¡señora coja ese mijo y métaselo usted un poquito… en su casa!, porque estas cotorras (tampoco hablo de mis vecinas), son como buitres, sobre todo por sus deposiciones paquidérmicas, capaces de ocultarte medio coche…

Pues lo dicho, quien me lo contó, hizo especial hincapié en su reacción, pero vosotros ¿que creéis que sucedió?… ¿se quedo inmóvil?, como si le hubiese dado una “pájara ciclista”. O bien ¿sintió verdadero terror?,  al observar la bandada cotorrera volando como una inmensa masa verde en movimientos de aproximación de ataque hacia sus ventanas. Pues bien,  fruto del propio “pánico pajaril”, mi confidente con la rápida reacción que la situación requería, procedió a cumplir con el difícil objetivo de cerrar todas las ventanas…me estoy imaginando la escena con los ojos de las cotorras inyectados en sangre…en “modo depredador” aproximándose a sus ventanas y, la  posterior reacción del/la cronista, con un soplido relajante… ¡uf por los pelos, o más bien por las plumas!, antes de descubrir que todavía quedaba un “comando cotorrero” apostado en su balcón (creo que incluso no ha vuelto a abrir dicho mirador). También me confesó que no tenía tanto miedo al ataque pajarero, como a que se le colaran en casa…vaciando la despensa y  hasta la nevera…sí, podéis reíros lo que queráis, pero yo, al instante, recordé una escena de “Jurassic Park”, donde los velociraptors sabían abrir puertas, con lo cual las cotorras argentinas, con lo pájaras que son…de cualquier modo, tras el relato me pregunto ¿estamos seguros?, ¿nos tienen rodeados?,  ¿son capaces de comerse los CD’s colgados en nuestro balcón?. En definitiva, nada que ver con aquellos maravillosos animalitos que bailaban al son de un acordeón, aunque a más de un@ también le aterrorizaba esa bella melodía. Por supuesto, yo de vosotr@s revisaría los arboles cercanos a casa…y, por supuesto, tened mucho cuidado al cruzar la Gran vía, ya sabéis…estamos en época de estorninos, que también los tienen que espantar a petardazos…mientras tanto…¿disparan  una Mascletá Cotorrera?, o como el presupuesto mengua ¿abrirán la veda del estornino en tan importante vía de Valencia?.

(©Viriato, en cualquier w.c. de España)

One thought on “Terror en Valencia (IIIIII sextus)

  1. Mara dice:

    Este Viriato esta muy loco

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