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¿Todo sigue igual? APRETANDO EL ACELERADOR

Artículo publicado el 15 de octubre de 2012 en El Inconformista nº 11

 

El cuerpo (no) humano es capaz de estabilizarse y reestablecerse en el decurso de un acontecimiento inestable y agresivo. Puede incluso recuperar una posición perdida y volver a ella antes de que lo agresivo se torne en desastre al introducirse poco a poco o súbitamente en el cuerpo. El hombre no se pregunta por qué está ahí (junto al torbellino, al ciclón), sino cómo disponerse ahora que las cosas van realmente en su contra, eruptivamente hacia él. Es como si necesariamente tuviera que establecer una philia (atracción) con aquello que lo amenaza. Pero es que aquello que lo amenaza es requisito indispensable, condición sine qua non para alcanzar su meta y por ello debe navegarla. El problema fundamental, lo que hace al hombre tan hombre, es justamente el campo o el territorio de la meta misma. Es decir, el hombre – y no el cuerpo – espera paz tras la tormenta, siempre en la búsqueda de un idílico centro posicionalmente estable dentro del ciclón.Pero resulta que el ojo del ciclón se desplaza y se disipa junto con el propio ciclón. Sólo una afirmación radical de lo que nos desborda y quema, del ciclón entero y no sólo el estar dispuesto hacia fuera del ojo del ciclón, sino querer su totalidad, desplazándonos con ella hasta que el propio ciclón se encuentre con su deceso y final, puede permitirnos maniobras de ajuste y adaptación. Devenir con el ciclón, pero acaso ¿será nuestro final también? ¿Tendremos que luchar contras otras naturalezas? ¿Para ello no tendremos en definitiva que luchar contra nosotros mismos?

Actualmente tratamos más de volver a un estadio capitalista pasado que a un capitalismo incógnito. El llamado “Estado del Bienestar” sólo es concebible en uno de los segmentos o planos del capitalismo planetario. En realidad, el Estado del Bienestar sólo puede darse en el capitalismo mientras exista un excedente, una plusvalía y estabilidad en las redes o mercados con las que el Estado del Bienestar tenga contrato o interacción. El Estado del Bienestar supone una Clausura por tanto de un segmento del capitalismo planetario, que se protegería temporalmente – y esto es lo que se intenta constantemente eludir – de las tormentas y torbellinos en otros lares del planeta. El caso es que el Estado del Bienestar como política de la Clausura performa en su seno constantemente el deseo de conservación y de protección, de manera que existe una oscilación que va desde la agorafobia socio-económica hasta movimientos demenciales para preservar la identidad, hasta el punto en que la tensión acumulada en esa conformación deseante cesa y cientos de miles de flujos comienzan a derramarse.

Entonces aparece en escena la llamada ‘Paz Social’, que es tan sólo un bonito eufemismo para el mantenimiento conservador del status quo de una formación social determinada. La paz es violencia contenida, redirigida. La paz busca la conservación, pero la de un organismo concreto, sea molar, sea molecular, pero siempre de sólo uno de ellos sobre otros (¿Acaso no existe una militarización de la paz?) . Es decir, la paz quiere imponerse y la pacificación no es sino un medio bien de devolver las cosas a un estado primitivo, bien de lanzar a la aceptación hegemónica un código de circulación, conducta y reserva de energía.

Buscar la paz en el capitalismo, como en cualquier otro sistema, no sólo es ingenuo sino que es profundamente reaccionario. El capitalismo eres tú y soy yo. Y nosotros lo somos por una pacificación que extrae parte de nuestra violencia vital y redirige el resto. No hay alternativa al capitalismo si no es a partir y junto con él. De Si vis pacem para bellum a Si vis vitae affirma bellum.

Futurpunk, (Valencia)

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