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¿Todo sigue igual? EDITORIAL: ¿A DONDE VA LA RATITA CAPULINA? *

Artículo publicado el 15 de septiembre de 2012 en El Inconformista nº 10 

Prometer sangre, sudor y lágrimas como programa de gobierno, sin explicar ¿para qué?, tiene muchos riesgos. Entre otros sembrar el desánimo y la desesperanza en sectores importantes de la población. Para liderar es necesario capacidad personal y fuerza de argumentación

La crisis que estamos viviendo hace necesario el liderazgo y el consenso entre los dirigentes políticos. Sin información no hay posibilidad de movilización social contra la crisis. Independientemente de cómo se piense, es obvio que no se dan ninguna de estas características en los actuales dirigentes nacionales y autonómicos.

Se habla de rescates, una vez ejecutados, se habla sin decir verdad de los costos que suponen a la población. Cuando vamos por el segundo rescate para no asustar, se adjetiva como blando. ¿Cuál es la textura del rescate? ¿Cómo crema? ¿Quizás como turrón de Alicante?

La falta de información y la desinformación, trata de tener a la población desmovilizada, tienen miedo a la rebelión de los que no les han votado, pero también de los que lo han hecho y se sienten decepcionados.

¿Se puede quedar impasible cuando los que pagan la crisis no son los que la han creado? ¿Cómo va a quedar esta sociedad tras el empobrecimiento de la clase media y el aumento de las desigualdades sociales?

Es difícil explicar la naturaleza de la crisis, de hecho, no hay consenso, desde los que dan una explicación monetarista hasta los que hablan de causa ética. En todo caso en nívea, transparente, inodora e insípida, los que han saqueado los bancos, han derrochado los presupuestos, han estafado a los ciudadanos, todavía no se han sentado en los tribunales, no tiene caras.

Posiblemente como todas las cosas dela vida la explicación sea compleja y tenga muchos matices. Pero en la solución sí que debe quedar claro, que la destrucción del estado del bienestar, y la aplicación de políticas neoliberales agravan el problema.

Un ejemplo, la desprotección sanitaria de las personas con riesgos importantes, por criterios de ahorro. A parte de injusta es peligrosa para todos. También para los que viven en la calle Colon. ¿Se quiere volver a la época de los dispensarios antituberculosos?

Tenemos una derecha curiosa, se está regalando el patrimonio o se está vendiendo a precio de saldo, parece que no va con ellos.  En el caso de la sanidad, hasta el año 2000, el sistema se financiación en base a las cotizaciones de los empresarios y trabajadores. ¿Es lógico que se cedan a aseguradoras privadas que no participaron en la financiación?, y en todo caso, ¿El beneficio de estas empresas garantiza la calidad del sistema sanitario?

La necesidad de explicaciones también afecta a la oposición y a las organizaciones de los trabajadores. ¿Cuál es la alternativa? ¿Se ha llegado donde estamos si no hubiera existido un estatus quo?

 

Otro problema, es pensar que no hay que cambiar nada. Pensemos en la Universidad como uno de los sectores más dinámicos de la sociedad del conocimiento. ¿Cuántas tesis, tesinas, investigaciones se han hecho sin criterios de utilidad social y productiva? ¿Cuántas patentes han generado los departamentos? Y de estas, ¿Cuántas han tenido un desarrollo productivo?, ¿qué retorno ha tenido las fuertes inversiones en investigación de la etapa anterior?

Son muchas preguntas, pocas respuestas y sobre todas quizás la más importante: ¿Cómo van a acabar con el paro sin inversión?

Al desastre no se puede ir mirándose el ombligo, mientras se castiga a los de siempre. La gente termina dándose cuenta como en el juego de Capulina.

 

* La ratita Capulina era una atracción de feria muy popular en los años 50-60, consistía en un hámster que el feriante metía en una cesta y le daba vueltas, al grito de:

“La ratita capulina, salto que pega, premio que da”

Al levantar la cesta, el roedor se dirigía a una celdilla, cada una tenía un número, si esta coincidía con el que habías comprado ganabas un premio.

A pesar de la idea de juego limpio, unos pequeños granos estratégicamente escondidos eran suficientes para dirigirla, dado el extraordinario olfato de Capulina, a la celdilla correspondiente.

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