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¿TODO SIGUE IGUAL? KARUK: CUADERNO DE BITÁCORA XIV

Artículo publicado en El Inconformista N.º 40 de mayo de 2015

Querido cuaderno, este planeta no deja de sorprenderme con sus peculiaridades, sus múltiples contradicciones, sus injusticias. Esta mañana andaba yo entre la gente de forma que no pudiera ser visto; sabes que poseemos la tecnología adecuada para ello y la utilizo en mis tareas de investigación. Estaba lloviendo y he reparado en una pequeña y bonita terrícola que portaba unos preciosos y blancos zapatitos (se trata de una especie de telas duras que cubren los pies). De pronto, la niña —que parecía una muñeca— le dijo a su mamá “mamá, mamá, no quiero mojarme los pies”. La madre, de forma amorosa, y a pesar de ir cargada con varios libros, se las ingenió para coger a la niña en brazos evitando así que esta ensuciase sus blancos zapatitos. Rápidamente, vino a mí una reflexión: cualquier madre o padre hace lo que puede para evitar que sus hijos se sientan mal; aunque, a veces haya madres y padres que no puedan evitar que sus hijos “se mojen los pies”, incluso que mueran ahogados.

¡Qué tremendas diferencias! La protagonista de mi historia sollozaba por temor a ensuciarse sus blancos zapatitos, mientras que otros niños mueren ahogados en el Mediterráneo, sin que sus padres puedan levantarlos para evitar el abrazo mortal de este mar, que tantas víctimas se está cobrando.

¿Alguien en su sano juicio es capaz de pensar que madres y padres que aman a sus hijos serían capaces de salir de sus países en esas condiciones, si la realidad que allí se vive no fuera peor que la posibilidad de morir en el mar?

Se trata de lugares donde la pobreza es su colchón y el futuro no existe. Lugares donde la peste (enfermedades), el hambre, la guerra y la muerte se ceban. Los caballos del apocalipsis andan sueltos por allí en busca de víctimas, y a nadie parece importarle. ¿Quién no querría huir de sitios así?

Existen personas sin imaginación para vislumbrar qué harían ellos en esas situaciones. Personas sin corazón que continúan exigiendo el regreso de inmigrantes y refugiados a estos países, sin intentar ver más allá de sus narices. Personas incapaces de buscar otro tipo de medidas más humanas.

Mucha gente debe hacer un examen de conciencia e investigar un poco más. ¿Cuál es el motivo de que sucedan esas atrocidades en origen? ¿Quién o quiénes colaboran para que esto suceda? ¿Hay alguna forma de solucionarlo? ¿Qué puede hacer cada uno para conseguirlo?

La respuesta de muchos cómplices de este horror es abogar por las “únicas” medidas para solucionar el problema: levantar vallas más altas, bombardear los barcos de los traficantes en origen, férreas vigilancias, palos y devoluciones en caliente, etc. Es decir, frenar como sea la llegada de inmigrantes y refugiados a las costas europeas.

Los habitantes de este planeta tampoco se quieren mojar los pies y poco importa que seres humanos mueran ahogados buscando una posibilidad de supervivencia. ¿Cuántos más deben morir?

Roberta Taro

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