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¿Todo sigue igual? PONGAMOS QUE HABLO DE MADRIZ

Preciosa melodía de Joaquín Sabina, “allí donde se cruzan los caminos…”. En primer lugar, quiero dejar claro que la madre que me parió era natural de  la Villa y Corte. Era inevitable, por tanto, que un día cualquiera allá por 1.992, nuestro héroe se dirigiese, por motivos laborales, a Madriz. Se apeó del pájaro volador (bueno, por aquel entonces se trataba de un perro corredor…el galgo…no, el Talgo) y, en ese instante, el tiempo se detuvo. Instintivamente y, mientras observaba todo a su alrededor, con la cara que pondría un recién llegado de las Hurdes, iba sacando de su equipaje de mano una bonita boina…sí con pitorro en medio y, con un leve movimiento, la fue enroscando en su cabeza, efectivamente…Viriato ya estaba en Madriz. Su desembarco en la Estación de Atocha, de la que ignoraba cuántas plantas tenía y el montón de gente corriendo, subiendo o bajando mediante escaleras mecánicas lo tenía impresionado, tanto como   las tres interminables hileras de taxis que encontró a su salida. Sin embargo, cuando más impresionado quedó por esta gran estación ferroviaria fue cuando no tuvo más remedio que hacer un pis y observó con asombro que debía depositar una moneda en una máquina para poder “desalojar”, moneda que normalmente nunca encuentras a la primera, sobre todo cuando hay prisa.

Fue salir de la estación y acordarme del eterno debate clima seco/clima húmedo…pues, seco y todo hacía un frío del carajo, sensación que, aunque molesta… (siempre nos quedarán los calzoncillos de minero), no tiene comparación alguna con la sensación que he tenido al desplazarme allí en verano…esa sensación de que te están insuflando aire ardiendo por la nariz, sin dejar de lado el hecho de que el asfalto se derrite a tu paso…sí son los famosos “asfaltos movedizos” de Madriz. No hay que olvidar que se trata de una gran ciudad, que por supuesto a mí me recuerda a esas grandes partidas del Monopoly, donde todo el mundo intentaba comprar la calle de Atocha …¡iluso!, que si monto un hotel en Paseo del Prado…¡tonto!, no ves que ya están el “Palace” y el “Ritz” al ladito…En fin, como gran urbe que es, uno no puede dejar de pasear por sus impresionantes calles: por la calle de Alcalá…no, con la falda almidoná no, aunque como es tan interminable sí que es cierto que estuve tentado de comprar unos nardos para apoyarlos en mi cadera…siempre estaría más entretenido mirando la cara de los demás. Eso sí, si quieres andar no es como Valencia, que tú sigues, y sigues…allí de repente surge la Gran Vía, que parece el Tourmalet de la pendiente que tiene (aunque dicen que la peor es la cuesta de las perdices, yo por si acaso ni lo he probado). Sin embargo, para mí es todo un placer el hacer el recorrido inverso, es decir, voy hacia abajo y, con mi cara súper aerodinámica, con mi tocha y cuesta abajo me transformo en el Fórmula 1 del descenso peatonal, lástima que no se cumpla aquello de “tal que el nas…el compás”.

Se trata de una enorme ciudad que a Viriato le viene muy grande, y donde los pajaritos cantan, sobre todo en los semáforos cuando están en verde y, donde nuevamente Viriato se enroscó su boina y tardó aproximadamente unos tres semáforos en darse cuenta que Madriz no era la ciudad del mundo con más pajarillos por metro cuadrado. Sin embargo, si es verdad esa frase que dicen: “de Madriz al cielo”, efectivamente, dada la enorme contaminación que sobrevuela dicha urbe tienes más posibilidades de irte al cielo, al infierno o de reencarnarte en koala, según tus ideales. En Madriz tienes lugares emblemáticos como la plaza de España…próximamente plaza de Wang Jianlin, ese Sr. chino, con tanta pasta, que ha comprado el edificio España, así como el que compra un pisito y, que según los últimos rumores está pensando cambiar la estatua de Don Quijote y Sancho por un par de estatuas de los famosos guerreros de Xian, es lo que se conoce como la “chinalización” madrileña. También tienen el Retiro, no espiritual no, la Casa de campo, que uno piensa ¿será un chalet?, pero no…ellos presumen de que su tamaño es cinco veces mayor que Central Park en Nueva York, aunque sobre todo lo usan para echar cuatro “quiquis” por las noches… también presumen mucho de que tienen la “milla de oro”, aunque os juro que por mucho que he buscado no he encontrado ni una sola pepita. Bueno de oro…que alguna Josefa sí que habrá.

Es una ciudad que también impresiona por sus monumentos…quien no recuerda la Cibeles (como para olvidarla…pues no la vemos veces cada vez que gana algo el R.Madriz), la Puerta de Alcalá, ya podéis cantar eso de Víctor y Ana Belén: mírala, mírala, mírala, mírala…vale ya. Las famosas Torres Kio, sí esas inclinadas de la plaza Castilla, que dicen que son “la puerta de Europa”, con lo que considerando que una es de Bankia… ¿no sé qué es lo que encontraremos cuando lleguemos al W.C. de Europa?  Que digo yo que desde la torre de Bankia y aprovechando sus 15° de inclinación, sus 114 metros de altura y sus 26 plantas podían haber hecho “puenting” los responsables de las tarjetitas Black, al estilo del “anticristo” de la película “El día de la bestia”. A mí cada vez que las veo me da por imaginar a todos los preferentistas empujando hasta tumbarlas…con la banda sonora de “L’estaca” de Lluís Llach: segur que tomba, tomba, tomba… en fin, tantos y tantos sitios…el Palacio Real, el mercado de S.Miguel…pero, es en el centro, donde Viriato, nuevamente con su boina a rosca descubrió por qué hay que pedir un café “solo”, harto ya de tomar cortados y de intentar razonar con los reyes de la hostelería madrizleña, si los famosos “castizos de Quito”, da igual donde vayas, Mc Donas, Burriking… allí están ellos, con su sonrisa característica.

Pero a mí uno de los sitios que más me gusta es la Plaza Mayor, donde encontramos, no sólo la estatua de Felipe III (¡jopé! ya llevamos 3 palitos más), sino que entre lo más destacable de la misma esta su “Spiderman bolivariano”, no penséis mal, no está embarazado, simplemente es un señor que come mucho y se enfunda en unas mallitas para hacer posturitas cuando los turistas están receptivos. Esa plaza famosa en el mundo entero por su olímpico y buscado “relaxing cup of café con leche” de la gran Ana…solo superado por “el caloret” de la Rita en pleno “fiestón cazallero”. Por supuesto, no quiero olvidarme de la singular Puerta del Sol, donde Viriato después de ponerse su “tocado mágico” (vamos la boina) y tras un buen rato buscándolo, descubrió un mini oso yogui intentando comerse unos frutos de un arbusto/árbol…efectivamente, eran el oso y el madroño, ay cuanto idealiza la gente sus cosas. También descubrió el km 0, es decir lo que a Viriato le pareció, simplemente, un ladrillo “mu bonico” …cuanta incultura. De todas formas, lo que más me gusta de la Puerta del Sol es que es tan capaz de mantener tanto a los indignados del 15 M, manifestándose, acampando…como de ofrecernos su lado más lúdico cada Nochevieja, cuando nos amenizan con esos momentos mágicos del Ramonchu con su capita vampiresca y el modelito de cualquier Igartiburu, por ejemplo. Eso sí, todos los años como decía “Mecano” en su canción “Un año más” (venga abrimos el karaoke) “otra vez como el año que fue…”, se ve a montones de gente contenta con su champagne (bueno cava), sus gorritos y sus uvas, mucho rato antes de que, como siempre, nos expliquen mal el funcionamiento de los cuartos y las campanadas y… ¡venga a atragantarnos!, mira que no escarmentamos…

Uno de las cosas que más impresiono Viriato, con o sin boina, fue el metro de Madriz, cuando con su ingenuidad característica “de provincias”, dejo pasar un metro pensando que el siguiente, a las 8 de la mañana, vendría más vacío…podéis reíros de los empujadores profesionales japoneses…pero allí, hasta las abuelas llevaron a Viriato en volandas hasta el interior del metro…menos mal que, al menos, no se había equivocado de línea. Por el contrario, a las 10:30 p.m. y en la estación del metro de Atocha, otra vez el tiempo volvió a detenerse para el “tocado Viriato”, que sí, el de la boina. No había tanta aglomeración… ante los inmensos y estrechos pasillos solo se podía oír una serie de pasos solitarios: cloc, cloc, cloc, ante los que, las dos o tres personas que por allí deambulábamos, íbamos mirándonos de reojo y con la mano en la cartera, (sólo faltó una voz que dijera “tuto o muete”).

Pero, sin duda, además de que la gente siempre está dispuesta a ayudar a los que, como Viriato, tienen cara de perdidos, lo que más me atrae de esa ciudad…a pesar de todo, es su inmensa oferta cultural, desde el Prado, no, hay mucho borrego, como en todos sitios, pero me estoy refiriendo a ese extraordinario y enorme museo, que no te cansarías nunca de visitar, pasando por el Reina Sofía de arte moderno, el Caixa Fórum, donde siempre encuentras otras opciones, como grandes exposiciones de fotografía…también, puedo afirmar que he sobrevivido al Matadero madrileño, espectacular espacio artístico donde disfruté de una exposición de carteles de las “Guerrilla Girls”, un colectivo de artistas feministas que denuncian la desigualdad en el mundo del arte siempre con la cara cubierta con una máscara de gorila para llamar más la atención. Pero, por fin, en esta última visita, he podido disfrutar del museo Thyssen, si el de la “Tita, Tita, pon un coco”, que más que un coco ha puesto un huevo de avestruz… ya dicen que “tira mes un pel de figa que una maroma de barco”. La verdad es que nunca hubiera imaginado que me iba a impresionar tan gratamente. La única pega que le encontré es que nada más entrar te encuentras una serie de inmensos retratos, tanto de la baronesa y el barón, como de los reyes… no Felipe, no…sus padres, ¿o ya no son reyes? (que lio, en fin, como cobran igual), lo dicho son tan grandes que te dan una sensación como de, ¿inferioridad?, no, como si fueran a aparecer en cualquier instante “los cabezudos” para bailar con “los gigantes”.

De cualquier forma, y como dice una bonita canción de “Los Refrescos”, mucha gran urbe, mucha oferta cultural, pero al llegar agosto ¡vaya, vaya!… allí no hay playa, si podéis cantarla…ojo con la S.G.A.E.

Y, por último, Viriato volvió a enfundarse su entrañable boina a rosca, justo antes de preguntarse… ¿por qué los Leones del Congreso no tenían huevos?… ¿será porque las comparaciones con sus señorías son siempre odiosas?, aunque sólo sea en los casos que tienen que poner firmes a los bancos. Corre un extraño rumor al respecto que dice que allí nuestros diputados en lugar de la conocida frase de ¡No hay huevos!, se pican con esa otra de ¡Tienes menos huevos que Daoíz y Velarde juntos!…  ¡Grrrr! ¡Grgrgr!

(© Viriato, en cualquier w.c. de España)

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