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¿Y si Trump fuera… la solución?

La salchicha Von Niche

“La gente no dormiría tranquila si supiera cómo se hacen las salchichas y las leyes” (Otto von Bismarck)

No comprendo a todos los que se indignan por la elección de un magnate de la construcción, empresario del juego, defraudador y mafioso como presidente de EEUU. ¿Qué es lo que desean y prefieren todos nuestros quejicas? ¿Prefieren a un “buen amo” que a uno “malo”? Ya estaría por ver que Hilaria fuera ese “buen amo” que presuponen.  Como secretaria de Estado metió a EEUU en otras dos guerras: no tenía bastante con las de Irak y Afganistán, y ahora tienen también las de Libia y Siria. En cualquier caso, nuestros indignados ¿lo están por el color y el tamaño de la correa con la que están atados? Se indignan porque Trump trompetee que va a echar a tres millones de mexicanos con “antecedentes penales”, pero ignoran que en sus 8 años de mandato Obama expulsó a dos millones… eso sí, sin ninguna trompetería. Se indignan asimismo por su férreo machismo, pero ya ni recuerdan cuando el saxofonista Clinton le metía un puro por la vagina a una becaria mientras hablaba con Arafat, ¿eso era feminismo? Hay quien se conforma con que en política haya un poco de glamour, sin importarle un pijo la realidad… y aunque reconozco que Trump eleva el tono de la zafiedad y la basura a límites rayanos con la demencia, hay que recordar que todos los Imperios que han sido en la tierra, antes de derrumbarse, han tenido al frente a este tipo de calígulas, rasputines y cía. Nadie debería extrañarse de que un caballo vuelva a ser cónsul de Roma (de Washington, quiero decir). Y que corifeos de todo el mundo le den su bendición y encuentren justificada y digna esa decisión. Lo mismo que otros han acabado encontrando razonable que en ocho años Obama no haya tenido tiempo de cerrar Guantánamo: eso, al parecer, era intolerable con Bush, pero asumible con Obama. Cierto que cada uno es muy señor de optar (ilusoriamente, pues no tienen ninguna capacidad de decisión, al vivir en una provincia periférica del imperio) sobre la naturaleza, el tamaño y la forma de la soga que los tiene atados, pero ¿no sería mejor pensar en la gran oportunidad que se nos ofrece a todos de liberarnos de esa soga ahora que al frente del Imperio hay un Calígula? No pienso derramar ni una lágrima por Hilaria, del mismo modo que no voy a gastar ningún elogio por el Trump. Me importa un pepino el sexo, la estética y el talante del emperador de turno. Si Susan Sharandom afirmaba con valentía que ella no votaba con la vagina, yo no voy a ser menos; no puedo votar (pues soy un esclavo de provincias), pero si lo hiciera lo haría empuñando la p…. al grito de ¡se acabó! Pero mi voz no se oiría muy lejos, pues enseguida saldría el coro de conservadores y progresistas unidos que, con Obama de Presidente, han convertido Morón y Rota en dos polvorines que ni el Palomares de Fraga. Dirían que Obama ha sacado adelante Andalucía creando puestos de trabajo. ¿O no es así, Susanita? En fin, llegada esta comedia hasta el punto en que el hombre del peluquín tiene los mandos de la maleta nuclear, ¿no les parece a nuestros desencantados que más que añorar a la derrotada Hilaria (que ella misma se colgó de su propio gancho), sería mucho mejor empezar a pensar en darle portazo al Imperio y vivir sin esa comezón cuatrianual sobre el sexo, el color, el glamour y la pitanza del nuevo inquilino de la Casa Blanca? 

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